VIERNES, 14 DE JULIO DE 2006
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“La historia contada por DePalma es trágica y objetiva. Creo que su descripción de Matthews como un idealista sin mucha cabeza en lugar de ser un ideólogo de izquierda es correcta.”


Washington (AIPE)- El 17 de febrero de 2007 será el 50° aniversario de la publicación de una de las más famosas entrevistas en la historia del periodismo. Ese día pero de 1957, Herbert L. Matthews, del New York Times, entrevistó por primera vez a Castro, líder de un pequeño grupo de insurgentes luchando contra del corrompido dictador cubano Fulgencio Batista. Hoy seguimos sufriendo las consecuencias de esa entrevista.

 

Castro en 1957 llevaba varios años luchando contra Batista y el 26 de julio de 1953 había fracasado en un golpe, fue encarcelado y luego deportado. El 2 de diciembre de 1956, Castro regresó clandestinamente a Cuba con un grupo de 80 hombres armados. Esta mini-invasión fue aplastada por el ejército y se anunció que Castro había muerto.

 

La más importante noticia de la entrevista de Matthews, llevada a cabo en la Sierra Maestra, fue que Castro seguía vivo, lo cual documentó con fotografías y hasta con su firma. Luego de la entrevista de tres horas, Matthews regresó a Nueva York y el elogioso reportaje fue publicado en la primera plana del New York Times, el 24 de febrero de 1957, causando gran sensación. Castro fue presentado como un legítimo heredero de los revolucionarios que libertaron a Estados Unidos en 1776, por tener “poderosas ideas sobre la libertad, la democracia, la justicia social y la necesidad de restaurar la constitución y llamar a elecciones”.

 

Matthews cita a Castro diciendo “usted puede estar seguro que no sentimos ninguna animosidad contra Estados Unidos y los americanos. Por encima de todo, estamos luchando por una Cuba democrática y para acabar con la dictadura”. Según el periodista, “eso significa una nueva etapa para Cuba, radical, democrática y, por lo tanto, anti-comunista”.

 

Aunque Matthews había tenido gran experiencia como reportero en el extranjero, en esta etapa de su carrera pertenecía al equipo editorial del New York Times, escribiendo editoriales que no llevaban firma. Por ello, con la publicación en las páginas de noticias, el periódico violó uno de sus principios periodísticos: separar lo que es opinión de las noticias.

 

El actual reportero del New York Times, Anthony DePalma relata el caso Matthews en un libro recién publicado, “El hombre que inventó a Fidel” (“The Man Who Invented Fidel”, Basic Books) y concluye que la tolerancia del periódico hacia Matthews resultó ser extremadamente costosa en muchos aspectos.

 

El problema es que Matthews quedó prendado de Castro, a quien veía como una de las grandes figuras de la historia y eso lo cegó. Por ejemplo, aun después que Castro admitió públicamente en 1960 que él era y siempre había sido comunista, Matthews seguía negándolo. Hasta su muerte en 1977, Matthews mantenía que Castro no era comunista para la fecha de la entrevista y que eso sucedió después por las equivocaciones cometidas en las políticas de Estados Unidos.

 

Inclusive cuando Castro comenzó a masacrar a cientos de sus enemigos, luego de tumbar a Batista en 1959, Matthews lo seguía defendiendo. En un reportaje publicado el 18 de enero de 1959 por el New York Times, Matthews decía que Castro “bajo cualquier estándar es una gran figura”. Criticar a Castro, según Matthews, es criticar a todos los cubanos, “ya que hay muy pocos cubanos en desacuerdo con las ejecuciones que se llevan a cabo”.

 

El asesinato en masa estaba justificado, según Matthews, porque Cuba acaba “de vivir el más brutal reino del terror de la historia reciente”. No hay duda que Batista era malo, pero decir que su régimen era el más brutal de la historia reciente era absurdo ante los todavía frescos genocidios de Hitler y Stalin.

 

Una vez que Castro se salió del closet y admitió su comunismo, Matthews fue muy criticado y acusado de ayudar la penetración comunista en nuestro hemisferio.

 

Aunque Matthews continuó siendo editorialista del New York Times, el periódico comenzó a distanciarse y se le prohibió escribir nuevos reportajes de noticias. Matthews se retiró del periódico en 1967, dedicando el resto de sus días a defender a Castro y a todo lo que había escrito sobre él. Con razón es considerado un héroe de la revolución cubana.

 

La historia contada por DePalma es trágica y objetiva. Creo que su descripción de Matthews como un idealista sin mucha cabeza en lugar de ser un ideólogo de izquierda es correcta. Y aunque DePalma no critica suficientemente al New York Times, su libro bien vale la pena leerlo.

 

___* Economista y periodista.

 www.aipenet.com

 


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