Ideas al vuelo
Jul 25, 2006
Ricardo Medina

El IFE y los ciclistas

Sería intolerable que dejásemos que nuestro sistema electoral, cuidadosamente diseñado para dar confiabilidad y certeza, impecablemente ciudadano, sea destrozado por los sembradores de suspicacias enfermizas. Ya basta. Salvemos la democracia.

Hannah Arendt registró como muestra de la irracionalidad del antisemitismo la siguiente anécdota: Platican dos amigos en la calle en alguna ciudad europea en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Comentan con desazón algunas de las penalidades sociales, económicas y políticas de Europa. Entonces el primero de los personajes sentencia indignado: “Todo es culpa de los judios”. El segundo asiente: “Sí, de los judíos y de los ciclistas”. Sorprendido el primero pregunta: “¿Por qué de los ciclistas?”. La respuesta es demoledora: “¿Y por qué de los judíos?”.

 

Un presunto abogado, presunto político y presunto demócrata, el señor Horacio Duarte – representante del PRD ante los órganos electorales- a imitación del irracional antisemita de la anécdota, lanza adjetivos descalificadores, de forma totalmente gratuita, contra el Instituto Federal Electoral: “órgano ciego y autista”, “defensor de oficio del PAN”. Esa es su inteligente respuesta al más reciente informe del IFE al Tribunal Electoral. Pues si de eso se trata, podríamos abonar a la irracionalidad del señor Duarte diciendo que también los ciclistas, o los calvos o los cosechadores de algodón son “ciegos”, “autistas”, “defensores oficiosos de terceros” ¿Por qué no, si todo consiste en aventar adjetivos como piedras y en fabricar cupables a modo? Chivos expiatorios para la derrota.

 

Hemos llegado a esta pobreza en el debate, poniendo en riesgo la cordura elemental del derecho y de las instituciones, en buena medida gracias a los sembradores de suspicacias enfermizas. Los voceros de Yago que ya han logrado enloquecer a Otelo. Me refiero, sí, a numerosos colegas periodistas.

 

En toda su larga perorata ante los medios de comunicación el señor Duarte no aportó una sola prueba para sus dichos (las insinuaciones maliciosas, los pañuelos incriminadores sembrados por Yago para desquiciar a Otelo, no son prueba de nada) y ni siquiera ofreció razonamientos. Es un nuevo estilo de litigar – en los medios- ante los tribunales: Se desdeñan los argumentos (o se les falsifica como meros “formalismos”), se desprecian los recursos que preve la ley (no importa, a juicio del señor Duarte, que los alegatos no cuenten siquiera con los llamados “escritos de protesta” que requiere la legislación electoral) y se sustenta todo en el vocinglero lanzamiento de adjetivos y descalificaciones.

 

Y hasta se fabrican nuevos adjetivos – la moda cunde entre los fervientes voceros de Yago- como el de “legaloide” para minar desde sus cimientos cualquier noción de Estado de Derecho y de equidad jurídica.

 

Los celos, la suspicacia patológica, convierten a Otelo en un juguete en manos de Yago. La obnubilación es total. Tal parece que el mismo efecto se intenta producir en todos nosotros: Idiotizarnos.

 

Repitamos todos, lobotomizados por la propaganda: “Sí es culpa del IFE, de la ultraderecha, de los empresarios, del Presidente, de los corruptos ciudadanos funcionarios de casilla, de los que venden jugos o papas fritas…”  Y también de los ciclistas, ¿por qué no?



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

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