JUEVES, 27 DE JULIO DE 2006
Un mal día para los pobres del mundo

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“El domingo pasado fue un día especialmente malo para todos los pobres del mundo: Las pláticas de la ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio colapsaron.”


La página de noticias de la Organización Mundial de Comercio (OMC) del lunes pasado no podía ser más franca: Talks Suspended. “Today there are only losers(Las pláticas se suspenden. “Hoy sólo hay perdedores”), la sentencia entrecomillada refleja fielmente la opinión del director general de la OMC, Pascal Lamy.

 

Y el descorazonamiento –y hasta desasosiego- está más que justiticado. Que las naciones del mundo no logren ponerse de acuerdo para liberalizar más el comercio mundial es, para el bienestar del planeta –especialmente para el bienestar de los más pobres-, el equivalente a que las naciones del mundo no lograsen avanzar un ápice en las negociaciones de paz en medio de una conflagración mundial.

 

(El consuelo es que el director de la OMC parece más conciente de la necesidad de resultados tangibles y eficaces en la liberación comercial global, de lo que muestra el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, en cuanto a la eficacia para hacer cumplir las resoluciones de esta segunda organización; digamos, respecto de los terroristas de Hezbolá en Líbano).

 

Ojalá este colapso en las negociaciones sirva como un campanazo de alarma, especialmente en la Unión Europea y en Estados Unidos; de lo contrario, el proteccionismo comercial se habrá anotado otra victoria en detrimento de los más pobres del planeta.

 

El libre comercio es el arma más eficaz para promover el crecimiento económico y abatir la pobreza en el mundo.  Resulta desesperante que a la hora de la verdad, más allá de la retórica, los gobiernos de casi todo el mundo, especialmente los de la Unión Europea, de Estados Unidos y de Japón, pero también los de no pocos países en vías de desarrollo, se resistan a la liberación comercial.

 

Más triste es conocer la razón de fondo para tal resistencia: Tales gobiernos están defendiendo los intereses de pequeños pero poderosos grupos en cada país, que están sobre-representados en la arena política respecto de la poca representación efectiva que tenemos las mayorías, los consumidores.

 

Ya desde hace casi medio siglo Mancur Olson describió el fenómeno en su lógica de la acción colectiva. Dicho en breve: Los grupos pequeños pero organizados que defienden intereses específicos (digamos, los agricultores en Europa o en Estados Unidos) tienen mayor eficacia para influir en las políticas públicas que grupos numerosos pero dispersos y desorganizados como es el caso de los consumidores.

 

Y justamente una de las grandes carencias de los partidos de izquierda que padecemos en los países en desarrollo es que, equivocadamente, tales partidos enarbolan las banderas del proteccionismo comercial para satisfacer a sus bien organizadas clientelas: sindicatos, organizaciones campesinas y de agricultores, cárteles de cazadores de rentas.

 

Por eso también padecemos otra triste paradoja: Algunos ricachones que se llenan la boca con retórica izquierdosa.


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