JUEVES, 27 DE JULIO DE 2006
Juego de espejos

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“Aunque se vuelva a contar voto por voto, casilla por casilla, AMLO sigue sin estar mentalmente preparado para asumir su derrota.”


¿A quién creerle? Dependiendo del día, López Obrador propone que se haga el recuento de la votación pero también denuncia el proceso electoral completo, lo que en estricta lógica debiera conducir a la nulidad de la elección, sin aportar otra prueba que sus propias afirmaciones.

 

Por su parte, el Vocero del PRD Gerardo Fernández Noroña, ex líder barzonista, revoltoso profesional y delincuente con innumerables expedientes penales en curso, afirmó a los Angeles Times que si no se reconoce la victoria de López Obrador “el otro camino es la insurrección.”

 

En visita relámpago a la ciudad de Washington, Manuel Camacho, coordinador de redes ciudadanas y cercano asesor de AMLO, repitió el cargo que la elección estuvo plagada de irregularidades pero afirmó que lo único que piden, presumiblemente no sólo él sino el PRD, es el recuento de los votos.

 

Afirmó sin ambigüedades que si el recuento favorecía de nuevo a Felipe Calderón, que ahí terminaría la historia y López Obrador reconocería su triunfo, desactivando así el amago de seguir adelante con manifestaciones y otras acciones que pongan en peligro la gobernabilidad del país.

 

Dijo también que el proceso de contar de nuevo los votos sería muy sencillo pues se llevaría a cabo en cada una de las 300 cabezas distritales y que “con una sola línea,” que supuse era de personas contando los votos, “se podría terminar en tres días.”

 

Yo no tengo la menor idea si lo que propone Camacho es físicamente posible pero lo que me queda claro es que su discurso suena razonable para auditorios extranjeros y refuerza el apoyo que ya ha conseguido de instituciones como el New York Times y el Financial Times que favorecen la iniciativa del recuento.

 

Yo le veo varios problemas a la propuesta de contar de nuevo los votos. Primero, que desconoce la autonomía del Tribunal Electoral cuya responsabilidad es analizar la validez de las impugnaciones por irregularidades electorales específicas detectadas y presentadas por los partidos políticos.

 

A este razonamiento Camacho responde que el Tribunal Electoral, como toda institución humana, debe ser susceptible de considerar las circunstancias políticas por las que atraviesa el país y las dificultades para gobernarlo en paz hacia el futuro, y que una reacción favorable al recuento sería más fácil si Felipe Calderón se une a la petición de López Obrador.

 

Además, tengo serias dudas que el recuento de votos fuera la última palabra en el conflicto largamente anunciado años antes de la elección del 2 de julio en el caso que AMLO perdiera. Para empezar, contar 42 millones de boletas sin caer en nuevos enredos y enfrentamientos me parece casi imposible.

 

Aún si se pudiera hacer un trabajo de recuento impecable y transparente, en el caso que se ratifique la victoria de Calderón me temo que AMLO sigue sin estar mentalmente preparado para asumir su derrota, aunque Camacho afirme de manera tajante que él se deslindaría de López Obrador en ese caso.

 

¿Cuántos más lo harían? Creo que existe suficiente evidencia que el grupo íntimo de seguidores de AMLO lo seguiría hasta el final simplemente porque para ellos el costo de oportunidad de hacerlo es cero. Es decir, sin López Obrador están perdidos.

 

Es inconcebible que politiquillos primitivos como el presidente del PRD, Leonel Cota, que acusa a Felipe Calderón de autoritario por haber respondido a la carta de AMLO con impecable institucionalidad, pueda ser reciclable en ningún escenario en el que AMLO no figure a la cabeza.

 

Este confuso juego de espejos, en el que la realidad y la percepción que se tiene de ella van cambiando según el día y el interlocutor, no se resolverá sino hasta que el Tribunal Electoral anuncie su resolución. ¿Qué seguirá después?


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