MARTES, 1 DE AGOSTO DE 2006
Sólo hay un camino: la productividad

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Carlos Ramírez-Fuentes







“Cuatro breves pero poderosos conceptos, producto de más de 200 años de investigación económica, resumen los determinantes clave de la prosperidad.”


¿Qué explica el mediocre desempeño económico de México a lo largo de su vida independiente?

 

Partamos por lo que a estas alturas debería resultar evidente: la única fuente de creación de riqueza sostenida de las naciones es la productividad, el proceso que permite producir más y mejor, combinando los insumos físicos, humanos y tecnológicos disponibles.

 

La riqueza de las naciones no se explica por la cantidad de recursos naturales en el subsuelo ni mucho menos por quién explota dichos recursos –el Estado o el sector privado-; menos todavía por el monto de gasto público que los gobiernos destinan a la economía.

 

Cuatro breves pero poderosos conceptos, producto de más de 200 años de investigación económica, resumen los determinantes clave de la prosperidad:

 

a)      La calidad de los insumos de la producción –trabajo y capital- y la forma en que las empresas –públicas y privadas- aprovechan éstos;

 

b)      La forma cómo los insumos de la producción se complementan con la tecnología existente y se adaptan a la tecnología futura;

 

c)      El tipo de organización interna que las empresas desarrollan para producir de manera más eficiente;

 

d)      El entorno de incentivos que enfrentan los agentes económicos para producir, innovar, ahorrar e invertir, incluyendo el ambiente competitivo que enfrenten.

 

Estos macro-factores del crecimiento económico se reflejan en un indicador crucial: la productividad. Varios estudios recientes confirman empíricamente esta afirmación: Porter (2005), por ejemplo, señala “el nivel de ingreso de las naciones está determinado por la productividad de la economía.” Su Índice de Competitividad de las empresas, una variable que mide la “infraestructura” de la productividad de cada país, explica una extraordinario 81% de la variación del producto per-capita entre países del mundo.

 

Siguiendo un patrón de investigación distinto, William Lewis (2004) compara los resultados de 118 estudios microeconómicos de 29 diferentes industrias en siete países en el mundo (desarrollados y no desarrollados) y concluye de manera convincente: el único factor que explica las diferencias en ingreso en el mundo, son las diferencias en la productividad de las naciones.

 

Blyde y Fernández Arias (2004) analizan el desempeño comparativo entre la región latinoamericana y los países del Este Asiático durante el periodo 1960-1999 y concluyen que la brecha de ingreso que se abrió entre ambas regiones en las últimas cuatro décadas, se explica en más del 50% por diferencias en la productividad.

 

La historia productiva de nuestro país, desde su independencia, además de mediocre, ha sido nocivamente volátil. Por ejemplo, la productividad de la década de los 80’s fue negativa en casi 2% anual promedio, mientras que la productividad de la década de los 60’s fue de más del 4%. Esta volatilidad de la productividad ha dañado seriamente las posibilidades de un despegue acelerado de nuestra economía y es una de los factores determinantes que explican nuestro elevado nivel de pobreza y desigualdad.

 

Un entorno político-económico que reproduce la pobreza y desigualdad, que persiste por largos periodos de tiempo a pesar de su evidente inferioridad productiva, es lo que Samuel Bowles (2004) denomina una trampa de pobreza.

 

Se deduce entonces que el estancamiento estructural de la productividad de nuestro país obedece, en esencia, a que nos encontramos inmersos en una trampa de la pobreza, de la cual, a pesar de importantes esfuerzos de las últimas décadas, no hemos podido superar. Esta trampa tiene su origen en la deficiencia de nuestro marco institucional, en las reglas del juego -en palabras de Douglass North-, que el país ha establecido para ordenar su vida cotidiana y constreñir el comportamiento de los agentes económicos.

 

Indagaremos en ello en una siguiente colaboración.

 


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