Práctica económica
Ago 9, 2006
Juan Carlos Leal

Renuncias necesarias

El país sigue con normalidad, la anormalidad es el empecinamiento y los delirios de un muy mal perdedor y de sus socios que por el bien de todos deben renunciar.

Una vez conocido el fallo del Tribunal Electoral sobre las demandas de López y su coalición es muy claro que muchos de los que tomaron partido, se pronunciaron o simplemente no hicieron nada de lo que les correspondía tienen que renunciar por el bien de la institucionalidad del país. Las renuncias de algunos personajes de la vida pública son en toda democracia funcional cosa de todos los días y sobre todo cuando estos seres se equivocan y sus decisiones afectan a sus instituciones y más importante al bien superior que es la gobernabilidad o simplemente la normalidad democrática.

 

Hay casos evidentes como el de algunos “gobernantes”, otros menos estridentes como el caso de autoridades educativas y otros muchos más difíciles de manejar como los comandos de López que después de todo tendrán su curul asegurada. Incluso me atrevería a hablar de un caso que es por demás peculiar, un personaje que debe renunciar por haberse equivocado en su estrategia de comunicación, pero que a fin de cuentas este error fue suficiente para que López tratara de imponerse y con ello abrió la puerta a todo el desastre poselectoral que vivimos.

 

Otros casos serían mucho más difíciles pero también tienen una carga muy clara, al menos de conciencia, y no me refiero a simple militantes o alborotadores, sino aquellos que desde medios o tribunas apostaron a sembrar la duda o cuestionar las instituciones pues su candidato/socio/líder/cliente se los ordenaba. Muchos periodistas obraron por la buena pero otros por la mala. Pero la razón es muy sencilla, tanto López como sus seguidores, sus estrategas, su partido, sus socios y hasta muchos de sus soldados sabían desde la noche del domingo 2 de julio que no había nada que hacer, que los sondeos, las encuestas de salida e incluso las actas y los mecanismo del IFE daban el mismo resultado, ellos habían perdido la elección por estrecho margen, entonces honestidad más conocimiento nos llevaban al mismo lugar, era su deber reconocer la derrota y mantener la normalidad, no cuestionar a las instituciones o hacer eco de las demencias y maquinaciones del perdedor. Pero aún hoy hay comunicadores y medios que siguen el apoyo, el ataque y el cuestionamiento de lo que la sociedad hizo el 2 de julio.

 

De esta forma queda muy claro que el Tribunal concedió lo que había que conceder, rechazó lo que era evidentemente un alegato sin sentido y para mayor “transparencia” complementó lo que no se sustentó pero que hizo sentido jurídico. Es decir, que se abrirán casillas donde había duda, pero que no se aportaron pruebas para decidir sobre ellas, por lo que concedió la duda. El resultado del conteo habrá de generar más ansiedad motivada por la seguramente amplísima cobertura mediática, pero ya no genera incertidumbre, no hay fraude, no hay elección amañada, no hay manipulación, hay errores puntuales y hay dudas sobre cómo se hizo el trabajo en esas casillas. El número de votos puede variar, pero las instituciones funcionaron y siguen funcionando, las personas fueron las que cometieron errores o fallaron de plano, pero lo más importante el país sigue con normalidad, la anormalidad es el empecinamiento y los delirios de un muy mal perdedor y de sus huestes/aliados/compinches/abyectos/socios, que por bien del país deben renunciar.



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