MIÉRCOLES, 19 DE OCTUBRE DE 2005
Una economía sin propiedad privada

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“Imaginemos por un momento que aceptáramos la propuesta de Carlos Marx de abolir la propiedad privada de los medios de producción. ¿Sería posible que sobreviva una sociedad donde está prohibida la propiedad privada? ”


Carlos Marx fue un hombre que cautivó la mente de mucha gente en el siglo pasado y aún en el presente. Es necesario estudiar las consecuencias de sus ideas para evitar grandes dolores de cabeza.

 

Imaginemos por un momento que aceptáramos la propuesta de Carlos Marx de abolir la propiedad privada de los medios de producción. El mismo Marx sabía que estaba proponiendo una aberración y por eso decía que no se trataba de abolir toda la propiedad privada, sino solamente los medios de producción. “Me refiero a las empresas de los ambiciosos capitalistas”, decía.

 

Pero, pensándolo bien, casi todo lo que usamos se puede considerar como “medio de producción”: Los zapatos del obrero le sirven para ir a la fábrica a ganarse el salario de la semana; la casa de la secretaria le sirve para descansar y seguir produciendo; los alimentos de los empleados son medios que sirven para recuperar energía y seguir trabajando, el automóvil del empresario le sirve para visitar a un cliente. Luego, casi todo puede considerarse  medio de producción si ello interviene de alguna manera para obtener alguna ganancia o utilidad.

 

Llevemos al extremo la idea de Marx para imaginar cómo funcionaría una sociedad sin propiedad privada, donde nadie pueda decir “estas chanclas son mías”, “esa casa es de Juan”, “aquella fábrica es de Pedro”.

 

En una sociedad sin propiedad privada nadie puede vender nada. Si Juan quisiera vender los zapatos que lleva puestos, estaría rompiendo el principio de la “sociedad sin propiedad privada”, y se le tendría que castigar duramente. Para que alguien pueda vender algo, tiene que asumir que tiene el derecho de vender, pero eso significaría que hay derechos de propiedad privada, lo cual contradiría el supuesto de no-propiedad. Es, por tanto, un contrasentido hablar de una sociedad sin propiedad privada y con comercio.

 

Dado que no hay intercambios libres y voluntarios (comercio) entonces no hay precios. Los precios son señales que únicamente se dan en economías donde hay propiedad privada.

 

Otro rasgo importante de una economía sin propiedad privada es que no hay empresarios. No tiene sentido que alguien emprenda un negocio si no es posible que pueda comprar materia prima, transformarla en productos y venderlos. Es decir, no hay negocios y por lo tanto, queda eliminado el lucro.

 

En una economía sin propiedad privada no hay dinero. Qué sentido tendría un billete si nadie puede vender nada.

 

¿Cómo es posible que sobreviva una sociedad donde está prohibida la propiedad privada?

 

La respuesta la dio un famoso economista soviético que se llama Leonid Kantorovich quien ganó el premio Nobel de Economía por resolver este problema.

 

En efecto, Kantorovich aseguró que sí podía existir una economía sin propiedad privada y bastaba elegir a un grupo de expertos que administrara todos los recursos materiales y humanos de la sociedad. Este grupito de genios se apoyaría en matemáticos, estadísticos, econometristas, sociólogos, etc., que les ayudarían a organizar perfectamente a la sociedad a fin de producir y distribuir todo lo que la gente necesitara. Los científicos determinarían lo que la gente necesitara y planificarían la producción y distribución sin desperdiciar nada. Todo lo que la gente tiene que hacer es apegarse a los planes del gobierno, cumplirlos con fervor patriótico, con espíritu de “hombre nuevo” decía el Che Guevara. Los individuos no necesitarían  pensar, idear, inventar o preocuparse por la leche, educación o salud, de sus hijos pues esas tareas las cumpliría el Estado.

 

Marx, Lenin, Stalin, Hitler, Mao, Castro, Chávez, Cárdenas y López Obrador creyeron o creen que sí es factible crear una sociedad sin propiedad privada. “El Estado, dicen, es capaz de ordenar a la sociedad mejor que las fuerzas del mercado para que todos sean felices”. ¿Usted qué cree?


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