Ideas al vuelo
Oct 19, 2005
Ricardo Medina

El tecnócrata y el político

Versión modificada de un chiste popular entre los ingenieros, traída a cuento para explicar la lógica de algunos políticos habladores.

Algún asesor parlanchín de los que rodean a los políticos en campaña le propuso a su cliente –el político– algo vistoso y costoso, pero en el fondo ineficaz para ganar las elecciones: Trasladarse a su próximo mitin proselitista en un globo aerostático. (Algo tan ineficaz y tan vistoso, por ejemplo, como recolectar $30 pesos de fondos para propaganda electoral por cada llamada telefónica que les cuesta $60 pesos a los presuntos simpatizantes quienes, además, no reciben nada a cambio).

 

Sucedió lo que tenía que suceder con la ocurrencia del globo aerostático: El político se extravió. Apurado logra hacer descender lo suficiente el globo para hacerse escuchar por un transeúnte que camina, absorto, por el campo.

 

Oiga, ¿me puede ayudar? Tengo que llegar a una reunión que debió empezar hace media hora, pero estoy perdido, ¿me podría decir dónde estoy?

 

Sí, con gusto –respondió el transeúnte– está usted a unos 30 metros de altura respecto del piso, entre los 40° y los 42° grados de latitud norte y los 58° y 60° grados de latitud oeste.

 

Molesto, el político le reclama a su interlocutor:

 

Seguramente es usted un tecnócrata.

 

En efecto, ¿cómo lo supo?

 

Porque me ha dado una respuesta “técnicamente correcta” pero “prácticamente inútil” dado que sigo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.

 

Y seguramente es usted un político.

 

Sí, ¿en qué lo notó?, responde el político envanecido.

 

En que no sabe dónde está, dice a dónde quiere llegar pero no sabe la ruta ni ha evaluado las alternativas o costos de oportunidad para llegar, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. Es más: Lo único que ha cambiado después de haberme pedido ayuda es que ahora resulta, por una razón que no alcanzó a comprender, ¡que yo tengo la culpa!

 

Hasta aquí el chiste, que originalmente no se refiere a políticos y tecnócratas, sino a jefes e ingenieros, pero que –como se ve– se aplica puntualmente a los interminables desencuentros entre los políticos y los técnicos que les reclaman a los primeros precisión y honestidad intelectual.

 

Es muy lucidor para un político decir que bajándole el sueldo a los altos funcionarios va a financiar la realización de promesas que cuestan cientos de miles de millones de pesos; cuando el técnico le hace notar que sus cálculos no cuadran (entre otras cosas porque ni siquiera sumando la totalidad de los sueldos de todos los funcionarios directivos del gobierno y sus prestaciones se financiaría el cinco por ciento de lo que el político ha prometido), el político se enfada y se dará la maña para, en el futuro, culpar a los tecnócratas por el incumplimiento de las promesas que él y sólo él, el político, hizo sin sustento.



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