El Econoclasta
Ago 14, 2006
Isaac Katz

Sedición

Ya es tiempo que todos aquellos que en algún momento creyeron en él, que creyeron en su búsqueda de un México más justo, un México con menos pobreza e inequidad, lo abandonen a su suerte.

López sabe que perdió la elección; sabe que el recuento ordenado por el Tribunal Electoral no alterará de manera significativa los resultados y ya anunció que no lo reconocerá; sabe que el Tribunal, al no encontrar irregularidades significativas en las actas de las casillas y menos aun la existencia de un fraude, no ordenará el recuento de todos los votos. También sabe que es muy poco probable que prospere la petición de anulación de la elección. En consecuencia, ya instalado en la locura y con el objetivo de que Calderón no asuma la presidencia porque según él es “inmoral que haya un gobierno de derecha”, en el discurso que dio el lunes pasado afirmó “vamos a la transformación de las instituciones y de nuestro país, y eso se va a dar de una manera o de otra”. Con esta afirmación, lo que efectivamente hizo López es llamar a la rebelión en contra de las instituciones que actualmente rigen la vida nacional y no solo refiriéndose a las instituciones electorales. En su proclama del lunes lo único que le faltó fue un abierto llamado a tomar las armas para que fuese efectivamente un acto de sedición.

 

La visión que tiene López de México puede resumirse en unas pocas ideas, basadas, muchas de ellas, en una realidad evidente: la alta incidencia de pobreza  y la notoria inequidad en la distribución de la riqueza y del ingreso que impera en México. A partir de ello, es que su discurso se ha centrado en “pobres contra ricos”, “empresarios malos”, “banqueros ladrones”, “instituciones dominadas por los del dinero”, “blancos explotadores de la raza de bronce”, “jueces que aplican la ley pero que no buscan la justicia”, etcétera. López ya pasó de creerse el Mesías a ser, como lo señaló el mismo lunes, el “purificador” de México y en su visión, la purificación se centra en “extirpar” de la vida nacional a todos aquellos que él, y solo él, considera dañinos, no solamente los ya señalados, sino cualquiera que no esté dispuesto a alinearse con sus ideas y sus métodos, cualquiera que ose disentir.

 

López, ahora en su nuevo papel de “purificador del país”, ya no se va a detener; no va a reconocer ningún argumento que lo induzca a decir “hasta aquí llegué en la lucha por la presidencia dentro del marco legal”. Está dispuesto a tirar por la borda todas las ganancias que obtuvo el PRD en el ámbito electoral al convertirse en la segunda fuerza política en el Congreso de la Unión con tal de que él sea ungido como el líder purificador, en la misma línea que los grandes purificadores que han existido en la historia mundial reciente, entre los que destacan Stalin, Mao Zedong y Pol Pot, todos ellos notorios dictadores y asesinos. López no se va a detener y la pregunta relevante es hasta dónde va a llegar. Si su proclama a la rebelión es un indicador de lo que está dispuesto a hacer, estamos en una situación notoriamente delicada; más aun, estamos en una situación de grave peligro.

 

López quiere modificar las instituciones, “de una manera u otra” para acomodarlas a su visión de lo que debe ser México, un país liderado por él, “el purificador” y como no está dispuesto a modificarlas dentro de los cauces legales (de una manera), lo tratará de hacer de manera radical y violenta (la otra manera).  En su movimiento, López está buscando “mártires de la democracia” y en consecuencia, los llamados a acciones cada vez más radicales, acciones que violenten abiertamente el marco legal. López está retando al gobierno y está rodeado de gente radical que está dispuesta a emprender acciones violentas que atenten en contra de los derechos de terceros y en contra de la seguridad nacional, buscando que al gobierno no le quede otro camino que utilizar, con toda legitimidad, la fuerza pública.

 

Ya es tiempo que todos aquellos que en algún momento creyeron en él, que creyeron en su búsqueda de un México más justo, un México con menos pobreza e inequidad, lo abandonen a su suerte. Seguir con él en un intento de rebelión que busca imponernos una dictadura liderada por un redentor implicaría incurrir en un enorme costo.



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