Asuntos Políticos
Ago 21, 2006
Cristina Massa

La Convención Nacional Democrática

AMLO, como articulador de intereses que van más allá de los suyos y en deuda con quienes lo han apoyado, podría estar sufriendo las consecuencias de haber actuado como aprendiz de brujo, desatando fuerzas que hoy lo sobrepasan.

Desde el 2 de julio el PRD rechazó los resultados electorales que no le favorecían. Sin más que su propio dicho, López Obrador se autodeclaró ganador. Utilizó su habilidad para enmarcar las discusiones en una demanda a las autoridades electorales para reconocer su triunfo.

 

Cuando el IFE realizó el cómputo distrital que favoreció a Calderón, el PRD alegó fraude y pidió un nuevo conteo. De nuevo se trazó la discusión en sus propios términos y en un tono sumamente efectivo para conseguir apoyos populares: voto por voto, casilla por casilla. En una estrategia de descrédito hacia el IFE, se logró sembrar en muchos la pregunta: ¿Por qué no estar de acuerdo con tan razonable petición de asegurarnos del resultado? Buen marco de referencia. Buena estrategia política. Pero desconoce el marco jurídico e institucional construido con muchos años de esfuerzo para dotar de certidumbre a nuestro sistema electoral: la petición del recuento voto por voto no sólo no se incluyó expresamente en la demanda presentada ante el Tribunal Electoral, sino que de haberlo hecho, su fundamento jurídico hubiera sido cuando menos discutible.

 

El problema esencial reside en la puesta en duda de la legitimidad de la legalidad, al mismo tiempo en que se utilizan herramientas legales para legitimar un supuesto resultado.

 

López Obrador se ha concentrado en una estrategia política para imponer su visión. No ha podido demostrar jurídicamente el fraude por el que perdió la presidencia, mas el resultado para él era contundente el 2 de julio: el pueblo, las masas, los pobres, le apoyaron. En realidad, errores más o menos, su apoyo electoral fue sólo del 35%. Las otras dos terceras partes de los votantes, que por cierto constituyen una mayoría, eligieron otras opciones. Sin embargo, la capacidad de movilizar grupos de interés en la Ciudad de México, le dieron la oportunidad de presionar y dar visibilidad a su demanda, frente a un gobierno federal que ha preferido administrar el conflicto antes que enfrentarlo.

 

El movimiento de AMLO ha entrado en una nueva etapa de mayor envergadura, sin renunciar al alegato del fraude. Hoy, se propone como un movimiento que busca refundar y “purificar” a la nación frente al eje del mal que representan sus adversarios (la derecha y los empresarios que la apoyan), a través de la reciente convocatoria a una Convención Democrática para discutir la restauración de las instituciones. Esta llamada admite varias lecturas.

 

Una primera, convierte la convocatoria en un acto proto-revolucionario: una verdadera ruptura con el orden institucional existente, cuya última consecuencia sería el desconocimiento de los poderes constituidos y el establecimiento de un gobierno paralelo, éste sí “legítimo y democrático”, pero que paradójicamente no habría obtenido ese carácter a través del voto. La retórica utilizada para enunciar los objetivos de esta Convención y la cita directa al Plan de Ayala son indicadores

 

Una segunda lectura, es la posibilidad de construir un auténtico movimiento político que represente el sentir de una parte importante de la población. Si bien este movimiento se articularía en la Convención fuera del cauce institucional existente, se reinsertaría en este cauce a través de la fracción parlamentaria de los partidos que integran la Coalición por el Bien de Todos y, en última instancia, en la posibilidad de ganar la Presidencia de la República y/o una mayoría en el Congreso en futuras elecciones.

 

Una última alternativa de lectura –que no puede ser descartada—es que se trate de un mero ejercicio histriónico al que han llevado a López Obrador los grupos más radicales que han participado en esta primera etapa de “la resistencia”. AMLO, como articulador de intereses que van más allá de los suyos y en deuda con quienes lo han apoyado, podría estar sufriendo las consecuencias de haber actuado como aprendiz de brujo, desatando fuerzas que hoy lo sobrepasan. Estas fuerzas son las que realmente podrían poner en riesgo la vida institucional del país.

 

La convocatoria tiene contenidos importantes y rescatables. Ojalá estos puedan ser rescatados para la construcción de un país más justo, pero con instituciones sólidas.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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