MIÉRCOLES, 23 DE AGOSTO DE 2006
¿Ideas para salir de la crisis?

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Sí, la política debe estar por encima de la economía
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Antonio Escohotado


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“las ocurrencias de AMLO contenidas en su “Proyecto Alternativo” distan mucho de constituir un programa coherente de políticas públicas, y su adopción sería muy perjudicial para los pobres a pesar del éxito publicitario.”


En nuestro país cumplir con los ordenamientos legales y acatar los dictámenes de las instituciones creadas para gobernarnos, en especial las que constituyen el complejo y caro enjambre construido para darle credibilidad a las elecciones, aparentemente no es una opción, por lo que hay quien propone otras salidas.

 

La primera recomendación de un proponente de ideas para salir de la crisis, es poner en práctica parcial o totalmente el programa ofrecido por el candidato derrotado, el del mote “primero los pobres.”

 

El único problema, como lo he analizado en anteriores Aquelarres Económicos, es que las ocurrencias de AMLO contenidas en su “Proyecto Alternativo” distan mucho de constituir un programa coherente de políticas públicas, y su adopción sería muy perjudicial para los pobres a pesar del éxito publicitario.

 

No hay nada entre las propuestas de López Obrador que remotamente tenga por propósito la generación de riqueza, el aumento acelerado de la inversión productiva y el ahorro y, por lo tanto, no se ve cuál sería la fuente de un más rápido crecimiento económico, salvo el mayor gasto público que él cree que lo estimularía a pesar de la evidencia empírica en contrario.

 

Como el gasto burocrático adicional de AMLO saldría de imaginarios ahorros en el costo de la administración pública y en la hipotética abolición de la corrupción, seguramente bien dirigida por los bejaranos y los imaz, una de las primeras víctimas sería el equilibrio fiscal que hoy tiene el gobierno federal.

 

El déficit presupuestal consecuente sólo tendría dos fuentes de financiamiento: mayor deuda pública o restaurar el muy nacionalista expediente de volver a poner al banco central y su capacidad para generar crédito irrestrictamente a las órdenes del gasto gubernamental.

 

En cualquiera de estos casos lo que se perdería es la estabilidad de la economía y volveríamos al círculo vicioso de devaluación, inflación, pérdida del poder adquisitivo del salario, más devaluación e inflación, que los mexicanos sufrimos por décadas en perjuicio principalmente de los pobres.

 

Lo único que el gobierno de Felipe Calderón debe adoptar de lo propuesto por López Obrador, es el propósito de reducir la pobreza al ritmo más acelerado posible y, a partir de allí, integrar un programa de políticas públicas coherente y bien diseñado.

 

Otra idea que se ha ofrecido para salir de la crisis es la de modificar la estructura e instituciones electorales, lo que es atendible en los aspectos que ya comprobamos que no funcionaron bien en una elección tan cerrada como la reciente. Pero como se ha señalado con reiteración, la democracia no puede funcionar sin demócratas.

 

En cualquier elección con López Obrador como candidato, y aún cuando las reglas e instituciones electorales hubieran sido diseñadas y administradas por ángeles –es decir, que fueran perfectas- en caso de haber perdido el demagogo delirante hubiera hecho los mismos berrinches y las subsecuentes protestas.

 

Respecto a qué hacer con los seguidores de AMLO que juran con fe ciega que ganó, seguramente hoy mucho menos que el 35% del electorado que votó por él, me temo que la única moción sensata es la de hacer con ellos lo mismo que con los millones que aseguran que Elvis sigue vivo: ¡Que crean lo que quieran!

 

Lo más paradójico de la propuesta que se comenta es cómo recomienda superar el actual impasse. Dada la incapacidad para zanjar nuestros problemas, sugiere traer a uno o varios líderes de fuera para que medien entre las partes en conflicto con una solución que resulte aceptable para todos.

 

¡Cómo si López Obrador estuviera listo a aceptar que Jimmy Carter, Felipe González o Bill Clinton le robaran la innegable victoria y raudo acceso al poder que el pueblo le confirió, con alguna decisión salomónica que le fuera hostil! La mediación desfavorable sería prueba de que el compló habría trascendido las fronteras.


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