JUEVES, 24 DE AGOSTO DE 2006
Una izquierda democrática

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Tristemente, estos grupos que presumen de izquierdistas no tienen ya ningún interés en mantener siquiera la pretensión de ser demócratas. Su obsesión es destruir a sus rivales antes que combatir la pobreza, que debería ser el verdadero objetivo de la izquierda política.”


La izquierda, la verdadera izquierda, no es destructiva. Por el contrario, su visión es construir un mundo mejor. Pero hoy un grupo radical ha tomado el control del PRD y de otros movimientos de izquierda del país con un proyecto cuya obsesión es destruir a sus rivales antes que combatir la pobreza, que debería ser el verdadero objetivo de la izquierda política.

 

Ahí está Oaxaca, lastimosamente golpeada por grupos radicales, como la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, cercanos a esa ala radical del PRD. Las movilizaciones y plantones de estos grupos han afectado a los trabajadores del centro histórico de la capital del estado y han destruido el patrimonio de muchos pequeños empresarios.

 

Lo mismo está empezando a ocurrir en la ciudad de México, que lleva tres semanas de bloqueo. Andrés Manuel López Obrador ha decidido castigar al Distrito Federal, y no se entiende por qué ya que su único delito fue haberle dado su voto en la elección presidencial este pasado 2 de julio. Así, ha montado un bloqueo en el Paseo de la Reforma y el centro histórico de la ciudad de México que ha hecho que se desplomen los ingresos de las empresas de la zona y ha ocasionado que miles de trabajadores pierdan su empleo.

 

Si bien el movimiento de Oaxaca empezó con un disfraz de reivindicación laboral, desde hace ya mucho tiempo se ha despojado de la máscara y ha evidenciado sus intenciones estrictamente políticas. La demanda de estos grupos es que renuncie el gobernador Ulises Ruiz. Quienes exigen esto, por supuesto, no tienen ningún respeto por el hecho de que el gobernador fue electo por los ciudadanos, por lo que destituirlo equivale a traicionar la decisión de los oaxaqueños.

 

Tristemente, estos grupos que presumen de izquierdistas no tienen ya ningún interés en mantener siquiera la pretensión de ser demócratas. Olvidan que la tradición de izquierda en México y en otros países del mundo siempre estuvo aliada a las causas de la democracia. Desprecian los esfuerzos que dentro de la democracia llevaron a cabo personajes tan importantes como Valentín Campa, Gilberto Rincón Gallardo, Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas. O el trabajo que en España hizo Felipe González. Por eso el propio presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, le recomendó a Andrés Manuel López Obrador en una reciente entrevista de prensa que acepte la decisión de los electores y reconozca el resultado de los comicios del 2 de julio.

 

Quizá podamos entender que López Obrador tenga desprecio por la democracia a pesar de decirse de izquierda. Pero las acciones que está llevando a cabo en Oaxaca y en la ciudad de México revelan que tampoco se preocupa mucho por los pobres.


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