JUEVES, 24 DE AGOSTO DE 2006
Ahora es ¡Vasconcelos!

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“Los patólogos psiquiátricos del mundo entero deben estar asombrados ante las incontables mutaciones de personalidad de López Obrador. El fin de semana pasado el demagogo emprendió una nueva y alucinante transmigración y decidió volverse José Vasconcelos.”


Los patólogos psiquiátricos del mundo entero deben estar asombrados ante las incontables mutaciones de personalidad de López Obrador. Ya pasó por ser Benito Juárez, fase que le duró un buen rato al suponer que ocuparía los mismos aposentos en Palacio Nacional en los que vivió el Benemérito.

 

Luego se volvió por un rato Madero, por aquello de ser el héroe y también la mártir –papel que le sale particularmente bien- de la democracia, sólo para transformarse en Emiliano Zapata y recordar el Plan de Ayala al convocar, con su propio planecito del Zócalo, al levantamiento contra la “república simulada.”

 

La primitiva sapiencia histórica de AMLO por lo visto le impidió percibir que ostentarse sucesivamente como Madero y Zapata era una flagrante sinrazón pues Zapata se alzó en armas para derrocar al gobierno legítimo y democráticamente electo de Madero.

 

Seguramente para resultar más convincente para sus públicos extranjeros, en especial en Estados Unidos, ha pasado por ser Nelson Mandela, el líder sudafricano que logró derrocar al régimen segregacionista en su país, y Martin Luther King, el héroe de la integración negra en la sociedad norteamericana.

 

En su continuo mudar de personalidad, López Obrador no podía ignorar a Mahatma Ghandi quien con su gesta aceleró la independencia de la India. Pero como bien subrayó Isabel Turrent, AMLO se parece más al Ghandi que cometió colosales errores que costaron muchas vidas que al líder pacifista.

 

El fin de semana pasado el demagogo emprendió una nueva y alucinante transmigración y decidió volverse José Vasconcelos, ilustre político e intelectual que estuvo en la Revolución Mexicana junto a Álvaro Obregón. Aspiró y peleó por la Presidencia en 1929, cuando el recién fundado PNR –precursor del PRI que por muchos años fue el partido de AMLO- le robó la elección.

 

Ésta es la más absurda de las mutaciones de personalidad que ha tenido López Obrador y es indicativa de su patética ignorancia de la historia y de las biografías de sus protagonistas, pero puede indicar también que el demagogo se esté acercando a la fase terminal de su delirio.

 

Tan extravagante transformación va en contradicción evidente con la auténtica intención del tabasqueño que es emular la biografía de su paisano, el dictador fascista Tomás Garrido Canabal, distinguido antes que nada por la persecución religiosa que emprendió en su estado, que Vasconcelos denunció con vigor.

 

A diferencia de AMLO que es apenas un agitador, Vasconcelos era un hombre culto y un educador por excelencia que como rector de la Universidad Nacional inició una vasta reconstrucción liberal y humanista, y como primer secretario de Educación Pública emprendió una exitosa cruzada, sin paralelo en nuestro país, para alfabetizar e instruir a los mexicanos.

 

Vasconcelos detestaba el autoritarismo y los gestos mesiánicos que son consubstanciales a la auténtica personalidad de López Obrador, al tiempo que aspiraba a la integración de una nueva raza y civilización a partir del mestizaje iberoamericano, en lugar de fomentar la segregación entre mexicanos por su color, raza, lengua, nivel social o económico, como lo hace el demagogo.

 

Seguramente AMLO ignora también que el segundo apellido de Vasconcelos es Calderón y que si bien no es pariente del candidato ganador de la elección presidencial, sí lo es de un intelectual que trabaja en el PAN, Francisco R. Calderón, ilustre historiador y economista, de quien fue primo segundo.

 

Por lo tanto, Vasconcelos también está emparentado con el hijo del economista historiador, el filósofo gráfico Paco Calderón, a quién AMLO denostó como “el caricaturista de la derecha.” Sería deseable que al demagogo delirante se le pegara algo de las personalidades que elige para transmigrarse, sobre todo cuando por casualidad adopta luminarias del calibre de Vasconcelos.


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