MARTES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Los ejes cartesianos y la propiedad intelectual

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“¿Qué creaciones intelectuales deben ser protegidas por la ley a favor de sus creadores y qué creaciones intelectuales deben inmediatamente, tan pronto son conocidas, volverse de dominio público?”


Los llamados ejes cartesianos, que es probable pero no cien por ciento seguro que hayan sido “inventados” por René Descartes, son una formidable herramienta para descifrar la realidad, explicarla y operar sobre ella. Es incalculable, en este como en el caso de muchos otros hallazgos intelectuales, el aporte de productividad –y por tanto de riqueza- que los ejes cartesianos han dado a la humanidad.

 

Ayer en su espléndido weblog el profesor de Economía de la Universidad de Harvard, Greg Mankiw (http://gregmankiw.blogspot.com/) planteó, palabras más o palabras menos, la pregunta que encabeza, en cursivas, estas líneas. Si yo no respetase los derechos de propiedad (y no me produjera una enorme vergüenza ser pescado en el plagio, evento muy probable si incurriese en esa condenable práctica) deslumbraría a mis lectores “fusilándome” íntegro el documentado y agudo comentario (“post”) del profesor Mankiw. Me limito a referir a los lectores al sitio original y hacer mis propias reflexiones.

 

Imaginemos que los ejes cartesianos estuviesen protegidos por derechos de propiedad intelectual a perpetuidad y que cada vez que tuviésemos que utilizarlos, por ejemplo: para graficar el crecimiento de las ventas a lo largo del tiempo, tuviésemos que pagar una regalía a los herederos de Descartes. Suena absurdo. Lo es.

 

Pero tampoco el otro extremo, la total desprotección de la propiedad de los hallazgos intelectuales, es aceptable. Ni el plagio, ni la piratería, ni el robo de marcas o tecnologías, entre otros tipos de despojo, son conductas que debamos tolerar. De hecho, me temo que en buena parte de Hispanoamérica, incluyendo a México, el problema es el contrario: El desprecio a los derechos de propiedad y la constante violación de esos derechos, no pocas veces con la complacencia de los gobiernos.

 

El debate importante es definir los límites razonables de la propiedad de las ideas y de las creaciones intelectuales. ¿Deben los diseñadores de ropa exigir protección, digamos por tres años, para sus diseños?, ¿en qué consiste la verdadera originalidad del diseño de un vestido, de una página Web o de un automóvil?, ¿puede patentarse un hallazgo filosófico? ¿Por qué las obras de creación artística –por ejemplo, una novela- son protegidas sólo por 50 años y después pasan a ser “dominio público” negando a los autores, para todo fin práctico, el derecho a heredar a sus descendientes lo más importante de su patrimonio?, ¿es aceptable el monopolio virtual que se deriva en algunos casos, en beneficio del creador, de la protección de una tecnología?, ¿hasta dónde?

 

El lector ya habrá adivinado que tengo más preguntas y dudas que respuestas. El consuelo es que, dicen los que saben, así se aprende. Por lo pronto, no se pierdan el blog del profesor Mankiw. Prefiero recomendarlo, que robármelo.


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