MARTES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Las aguas del Yaqui

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
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“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Edgar Piña







“El uso racional y alternativo de las aguas del río Yaqui posibilitaría sin duda los programas de desarrollo urbano a largo plazo y prepararía a Hermosillo para convertirse en el polo de desarrollo económico que le urge a la economía sonorense.”


Ahora que la intensa actividad ciclónica del Océano Pacífico ha repercutido positivamente en el territorio sonorense, haciendo reverdecer el usualmente árido entorno y, sobre todo, recargando tanto los embalses de las presas Abelardo L. Rodríguez y EL Molinito, como los sobre explotados acuíferos circundantes, vale la pena aprovechar el optimismo generado para insistir en la solución considerada la más factible y conveniente al problema del agua de la capital: el acueducto El Novillo-Hermosillo.

 

Se estima que Hermosillo tiene actualmente una población cercana a los tres cuartos del millón de habitantes. Según los expertos en materia de agua, este número de personas genera una demanda promedio anual por arriba de los 100 millones de metros cúbicos.

 

Hasta ahora la ciudad ha venido resolviendo la necesidades de agua para consumo humano, uso industrial, comercial y de servicios, con la producción de un volumen mensual promedio de 7 millones de metros cúbicos, equivalentes a 84 millones de metros cúbicos anuales, a través de la explotación de fuentes, ubicadas casi todas ellas sobre el Río Sonora, a excepción de la más reciente conocida como Los Bagotes que está conectada al acuífero fósil de La Costa.

 

Como es fácil calcular, en estas condiciones existe un déficit actual de 14 millones de metros cúbicos anuales que no podrá ser cubierto con las recargas mencionadas en el primer párrafo de esta columna, lo cual justifica no eludir el problema, sino al contrario tratar de resolverlo en forma definitiva, aprovechando que la situación política entre municipio hermosillense y gobierno de Sonora es evidentemente inmejorable. 

 

El río Yaqui genera una disponibilidad anual del orden de 3,500 millones de metros cúbicos, de los cuales se consumen, por allá en el valle del mismo nombre, poco más de 3,000 millones de metros cúbicos lo que arroja un excedente cercano a los 500 millones de metros cúbicos.

 

Esto significa, si nuestra calculadora está siendo bien utilizada, que en las actuales condiciones de la demanda hermosillense, solamente se ocuparía el 20% de la disponibilidad excedente del río Yaqui, lo cual no causaría absolutamente ningún problema a la agricultura y a las poblaciones al sur de la presa Álvaro Obregón. Y esto en el supuesto de que se cancelaran todas las fuentes actuales de abastecimiento a la capital del estado, lo cual sería improbable.

 

Ahora bien, si como opinan los expertos, se pusieran en práctica medidas para la optimización del uso del agua tanto en nuestra ciudad como en la agricultura del valle del Yaqui, la situación dejaría de ser dramática y desalentadora del crecimiento como lo es actualmente.

 

Dentro de las medidas tecnológicamente factibles para la cuenca del río Yaqui, se mencionan el cambio de patrón de cultivos, la utilización de técnicas de riego ahorradoras de agua y el revestimiento de los canales de conducción, entre muchas otras.

 

Para nuestra ciudad, por su parte, mucho se ha hablado y nada se ha hecho respecto a la rehabilitación de la red de distribución, la separación de aguas grises de las negras y su debido tratamiento, así como verdaderas campañas dirigidas al establecimiento de una cultura del agua.

 

Para traer el agua que necesita Hermosillo de la presa El Novillo, existen anteproyectos -aún sin cuantificar financieramente según sabemos-, que son perfectamente factibles y económicamente redituables, pero cuyo más conocido obstáculo es la hiper sensibilidad de esos seres supervivientes de siglos pasados que son los latifundistas del valle del Yaqui, quienes no soportan una sola palabra que atente contra el obsoleto sistema de explotación agrícola que todavía utilizan en pleno siglo XXI.

 

El uso racional y alternativo de las aguas del río Yaqui -el cual pertenece a todos los sonorenses, por cierto-, posibilitaría sin duda los programas de desarrollo urbano a largo plazo y prepararía a nuestra capital para convertirse en el polo de desarrollo económico que le urge a la economía del estado.

 

En la misma forma –atención señores y señoras ecologistas y ambientalistas de la entidad- esta solución impactaría positivamente en la recuperación de los ecosistemas cercanos a Hermosillo, actualmente sujetos a una despiadada depredación.


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