VIERNES, 15 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Propiedad: Inviolable, individual, desigual y transmisible

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A las empresas
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A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Restaurar el acuerdo liberal: Empecemos, como lo hacía Guillermo Prieto (1818-1897), por la propiedad y el derecho de propiedad. “Sin esa base, explicaba Prieto a sus discípulos, sus principios todos –los de la economía- caerían por tierra”.”


Buena parte de la historia oficial en México suele poner en sordina u ocultar sin más, la definida doctrina económica que propugnaban los liberales mexicanos del siglo XIX. La razón detrás de esta tergiversación histórica es conciliar, en el discurso, lo que en realidad es irreconciliable: El liberalismo con el colectivismo.

 

Además de ser poeta, político, ministro de Hacienda de los presidentes Mariano Arista, Ignacio Bustamante y Benito Juárez, este hijo del administrador de la panadería de Molino del Rey, Guillermo Prieto, fue un economista autodidacta – lector atento de los liberales españoles, pero también de los grandes clásicos de la economía: Adam Smith, David Ricardo, Quesnay, Bastiat… e impartió la cátedra de Economía Política en la Escuela de Jurisprudencia y en el Colegio Militar. De esa experiencia pedagógica provienen sus “Lecciones elementales de Economía Política, dadas en la Escuela de Jurisprudencia de México en 1871”.

 

La primera lección del curso de Prieto era: la propiedad y el derecho de propiedad. Son interesantes las principales definiciones que ofrece:

 

“Propiedad es el uso exclusivo de las cosas. Derecho de propiedad es este mismo uso reconocido por los demás. Sus características esenciales deben ser: Inviolable, individual, desigual y trasmisible (sic)”.

 

Debe entenderse que detrás del movimiento de Reforma y de las polémicas Leyes de Reforma existieron razones de economía, y de buena economía, y no una irracional aversión a la fe religiosa, sino razonada antipatía hacia las corporaciones religiosas e indígenas que, estableciendo una supuesta propiedad colectiva, habían esterilizado en México las fuentes de la generación de riqueza que, con todo acierto, los liberales veían en la propiedad individual.

 

La propiedad, para Prieto y los liberales, es un derecho natural e individual, previo a la ley positiva, que la ley no puede sino reconocer. La propiedad no la otorga el Estado, sino que la reconoce como previamente existente. Hay un abismo conceptual entre esta visión y la que sostuvieron años después los constituyentes de 1917, abandonando tal vez el pilar más importante del pensamiento liberal.

 

Tan arraigada era esta convicción de la propiedad individual como el pilar de la libertad y del desenvolvimiento económico que Prieto cita enfático a Fréderic Bastiat: “Las facultades no son sino la prolongación de la persona, la propiedad no es sino la prolongación de sus facultades. Separar al hombre de sus facultades, es hacerlo morir; separar al hombre del producto de sus facultades, es aun hacerlo morir”.

 

Repito: En la tradición liberal del siglo XIX están las bases para que México logre un acuerdo fundamental que lo inserte de pleno en el siglo XXI; la impronta colectivista y el estatalismo del siglo XX son nuestro principal lastre.


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