MIÉRCOLES, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Demencia exportadora

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“Para maximizar las exportaciones, los gobernantes deberían estimular las importaciones, pero hacen lo contrario: las disuaden. Entonces, los gobernantes cometen otro garrafal error: las subsidian para que crezcan.”


En la columna anterior (Gazapos mercantilistas) quedó claro que, descontando los flujos financieros, las exportaciones tienen que ser iguales a las importaciones, en términos monetarios. En el plano individual, no hay duda: si Juan exporta bienes por $1.000, solo podrá comprar (importar) bienes por $1.000.

 

Si agrupamos en un lugar físico a cien, mil o cuatro millones de personas, y les decimos que forman el País A, las implicaciones son exactamente las mismas: el valor monetario de las exportaciones fuera de ese espacio físico tiene que ser igual al de las importaciones. Dividamos el mundo en dos: País A y todo lo demás (TLD). En términos monetarios, (Exp=Imp). Si TLD exporta bienes al País A y recibe ¢10.000 millones (colones, moneda de País A) como pago, resulta obvio que TLD solo le podrá comprar a País A bienes por ¢10.000 millones. Es decir, País A solo podrá exportar bienes y servicios (b&s) por ¢10.000 millones. Ahora, si el gobierno de País A decidiera proteger a algunos de sus productores y limitara la importación de bienes a ¢5.000 millones, TLD solo podría comprarles bienes con los ¢5.000 millones que obtendría. Las exportaciones de País A caerían a ¢5.000 millones. Está claro: toda reducción de las importaciones implica una reducción de las exportaciones, y viceversa.

 

Para lograr su objetivo de maximizar las exportaciones, los gobernantes deberían estimular las importaciones, pero hacen lo contrario: las disuaden. A raíz de este error, las exportaciones no crecen por sí solas; entonces, los gobernantes cometen otro garrafal error: las subsidian para que crezcan.

 

Ahora, el subsidio de las exportaciones de País A equivale a que el gobierno de ese país regale dinero a individuos de otros países para que compren (importen) bienes de País A. Así, las exportaciones crecen: (Exp = Imp + Sub). Imaginemos a Juan entregando su dinero a Miguel para que éste compre sus bienes. Sería un absurdo. Juan vendería (exportaría) más, pero sería más pobre. A escala de país, el subsidio a la exportación de b&s no solo es igualmente absurdo; es un acto criminal. ¿Por qué? Porque el gobernante toma el dinero de Pedro, se lo regala a Max, el extranjero, y le pide a éste que compre (importe) el bien de Juan; de paso, le dice a Pedro, el perdedor, que esa operación lo enriquecerá. Consecuencias: las exportaciones suben, los juanes y extranjeros se enriquecen, y la gran masa (los pedros) se empobrece.

 

¿Por qué maximizar las exportaciones? La respuesta de los neo-mercantilistas que gobiernan es: porque sí; y están dispuestos a recurrir hasta lo absurdo para lograrlo. Sin embargo, la respuesta inteligente es: en cuanto al comercio internacional, el objetivo de cualquier grupo humano es maximizar las importaciones –porque éstas son las que se consumen–; pero, como en términos monetarios Exp=Imp, se maximizan las exportaciones como medio para lograr el objetivo; eso sí, sin subsidios o barreras comerciales, ya que éstos serían contraproducentes.


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