JUEVES, 21 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Se discute México en Washington

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“A diferencia de lo que parece creer Fernández de Castro, el estado de derecho no es un lujo prescindible sino la pieza esencial dónde construir las condiciones para derrotar a la pobreza.”


Ayer hice una síntesis de la presentación de Andrés Rozental en la conferencia organizada por el Inter-American Dialogue de Washington para discutir el futuro de México después de las elecciones pasadas. Hoy comento la exposición del otro ponente, Rafael Fernández de Castro del ITAM.

 

El académico mencionó que en los días que llevaba en Estados Unidos le habían repetido con insistencia dos preguntas.

 

·         ¿Por qué el Presidente Fox no había aplicado la ley?

 

·         Si hubo anomalías, ¿cuál fue la razón para no anular la elección?

 

A mi juicio, el académico del ITAM no dilucidó estas dudas cabalmente. No quedó claro si su referencia a la indecisión presidencial para aplicar la ley se debió a la negativa sistemática de Fox para usar la fuerza pública en forma legítima en defensa de los derechos de la ciudadanía, como ocurrió en todo su sexenio culminando con los bloqueos en la capital.

 

O si más bien fue por las supuestas violaciones a los códigos electorales que los partidarios de López Obrador le atribuyen al Presidente y que denunciaron como causal para exigir anular la elección.

 

Fernández de Castro tampoco aclaró que el tribunal Electoral había ponderado con detenimiento y lucidez todas las denuncias sobre las supuestas irregularidades ocurridas en las campañas, pero que no las consideró suficientemente graves como para sesgar los resultados electorales y, por lo tanto, tampoco lo fueron para invalidar la legitimidad del proceso.

 

El ponente avaló la acusación de López Obrador que los medios de comunicación, sobre todo Televisa, habían tomado una belicosa posición en su contra mientras que minimizó el indiscutible y total apoyo de TV Azteca a AMLO. El alegato anterior resulta incompatible con la evidencia empírica disponible sobre preferencias editoriales y los tiempos usados por los candidatos en Televisa y otros medios.  

 

Fernández de Castro mencionó que el Presidente electo tendrá que adoptar como suya la prioridad de López Obrador de “poner a los pobres primero,” como si el sólo hecho de que hubiera adoptado el slogan hiciera irrefutables las acciones propuestas por AMLO, cuando no pasan de ser ocurrencias triviales.

 

Dijo también que el próximo Presidente tendría que abandonar su propósito de poner el respeto al estado de derecho entre sus fines prioritarios. Es evidente que el expositor no ha reparado en que un estado anárquico, en el que los derechos ciudadanos son intrascendentes o negociables, no ofrece las condiciones mínimas para combatir la pobreza con éxito sostenido.

 

En la anarquía, las primeras víctimas son los pobres, que son los que menos pueden defenderse de los abusos de los más fuertes. Esa es la razón original de ser del gobierno, constituido para proteger los derechos y propiedades del pueblo mediante el uso legítimo de la fuerza pública.

 

La afirmación de Fernández de Castro que el próximo gobierno tendría que abandonar sus intenciones de hacer prevalecer el estado de derecho porque ahora tendrá que priorizar el combate a la pobreza, es un disparate mayúsculo pues lo segundo no puede ocurrir en un estado anárquico.

 

Todos los países que han tenido éxito en reducir la pobreza en sus territorios, lo han hecho mediante un crecimiento económico acelerado y sostenido, que, a su vez, es resultado de volúmenes de inversión muy elevados como los que han venido experimentando China y la India en las últimas dos décadas.

 

Una condición básica para conseguir altos niveles de inversión es tener reglas del juego claras, que se cumplan en forma transparente y honesta mediante una administración de justicia eficaz y expedita. A diferencia de lo que parece creer Fernández de Castro, el estado de derecho no es un lujo prescindible sino la pieza esencial dónde construir las condiciones para derrotar a la pobreza.


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