MARTES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Un gobierno liberal (I)

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“¿Cuáles son los principios de política pública, particularmente de política económica, que deben guiar el gobierno de Calderón?”


En mi artículo de la semana pasada señalé que Felipe Calderón tiene que encabezar un gobierno liberal, no un gobierno de derecha, si lo que desea es encaminar a México a una senda de desarrollo económico sostenido que signifique para la población mayores niveles de bienestar. Apunté que un gobierno liberal es aquél que se distingue, particularmente, por ser uno en cual se encumbra al individuo y a su libertad para elegir qué es lo que más le conviene a él y a su familia y que es a través de la cooperación voluntaria de cada quién en mercados competitivos que se logra no solo la maximización del bienestar familiar sino que también se tiende a maximizar el bienestar de la sociedad. Partiendo de lo anterior, ¿cuáles son los principios de política pública, particularmente de política económica, que deben guiar el gobierno de Calderón?

 

Primero, como principio básico, es tratar de garantizar la libertad de elección de los individuos, libertad que se aplica tanto cuando actúan como consumidores como cuando actúan como oferentes. Cuando los individuos actúan como consumidores, dado que son racionales, prefieren más que menos de todos aquellos bienes que les derivan satisfacción y cuyo consumo es fuente de bienestar. En consecuencia, dada la escasez de recursos a la que se enfrentan, particularmente su nivel de ingreso, tenderán a elegir de entre todos los proveedores posibles de los bienes que desean consumir a aquellos que vendan al menor precio y/o de la mayor calidad. Por su parte, cuando los individuos actúan como oferentes, buscarán asignar los recursos productivos de su propiedad (sea capital físico o capital humano) a aquella actividad en la cual gocen de ventaja comparativa buscando, por lo mismo, tratar de maximizar la tasa de rentabilidad en su utilización. La única estructura de mercado que hace compatible simultáneamente los deseos de los consumidores con los de los oferentes es la competencia. Por lo mismo, la guía de política económica a la cual debe ceñirse Calderón es eliminar todas aquellas trabas y barreras, principalmente legales y regulatorias, que impiden o inhiben la existencia de mercados competitivos. Esto se aplica, tanto para los mercados de huaraches, camisas o automóviles, como los de telecomunicaciones, financiero, energético, educativo, laboral, etcétera. México ha experimentado muy bajas tasas de crecimiento en los últimos años debido, en gran parte, a los enormes costos de transacción que imperan en los diferentes mercados, costos que se derivan de una regulación excesiva e ineficiente. Hacer negocios en México, invertir y crear empleos, es un verdadero vía crusis y esto tiene que cambiar y rápido.

 

Para ello, Calderón tendrá que vencer la resistencia de todos aquellos que, como resultado del arreglo institucional ineficiente, se apropian de rentas y que por lo mismo se opondrán al cambio. Esto incluye empresas con poder monopólico, empresas protegidas de la competencia externa, sindicatos, políticos y burócratas tanto federales como estatales y municipales. Estos son los personajes reaccionarios que, buscando proteger sus rentas, se constituyen como una de las principales barreras al progreso económico de México.

 

En segundo lugar, el gobierno de Calderón tiene que garantizar la permanencia de la estabilidad macroeconómica. La inflación es sin duda una de las principales distorsiones que el gobierno puede introducir en la economía, ya que inhibe el crecimiento económico, genera pobreza e inequidad y se constituye como un impuesto expropiatorio que atenta en contra de los derechos privados de propiedad. Lograr este objetivo requiere como condición necesaria contar con finanzas públicas estructuralmente sólidas, mismas que dependan de fuentes de ingresos tributarios que además de dotar al gobierno de los recursos necesarios para financiar su gasto, generan los incentivos adecuados y eficientes al trabajo, el ahorro y la inversión. Calderón tendrá que convencer a la sociedad y a los políticos de la imperiosa necesidad de una profunda reforma tributaria que homogenice el IVA junto con la adopción de un impuesto sobre la renta proporcional. Seguir dependiendo como hasta ahora de los ingresos petroleros, implica no solamente tener finanzas públicas estructuralmente débiles sino que, ante la perspectiva de una caída en el precio del petróleo junto con una menor plataforma de producción y de exportación, ponen en riesgo la estabilidad macroeconómica.

 

Seguimos el próximo artículo con un aspecto crucial: la subsidiariedad.


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