JUEVES, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Mercado interno

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“Si realmente queremos restaurar tasas elevadas y sostenidas de crecimiento con estabilidad de precios, hay que consolidar las sanas políticas económicas que hicieron posible conseguirlas durante el Desarrollo Estabilizador y no adoptar de nueva cuenta las que causaron su destrucción.”


Se ha vuelto recurrente escuchar consejos de aficionados a la economía política sobre la necesidad de que México recupere la senda del crecimiento económico acelerado y sostenido mediante el estímulo de un más rápido crecimiento del mercado interno.

 

En este contexto, comparan el desempeño económico actual con el ocurrido durante el Desarrollo Estabilizador (1954-70) en el que la economía nacional creció a más de un 6% anual en términos reales. La conclusión a la que llegan es que hay que reproducir las políticas de entonces.

 

El problema es que en esa época se siguieron algunas políticas impecables, como finanzas públicas en razonable equilibrio, deuda gubernamental baja y estable y un tipo de cambio sólidamente fijo que obligaba a una disciplina férrea en las otras variables y permitía tener una inflación reducida.

 

Otras de las políticas del período, sin embargo, resultaron en un aparato productivo ineficiente e incapaz de competir en los mercados internacionales lo que llevó al creciente aislamiento de la economía mexicana de la del resto del mundo.

 

Nuestra industria vivía exclusivamente del mercado interno al que explotaba con productos caros y malos que los consumidores tenían que comprar a fuerza, salvo por la válvula de escape ofrecida por los “chiveros” dedicados al contrabando, actividad que alcanzó proporciones prodigiosas.

 

Al igual que en la Unión Soviética cuando no quedó más remedio que abrir la economía a la competencia externa, en México fue evidente que una porción grande del aparato productivo era inservible. Es decir, buena parte del rápido crecimiento ocurrido en la era proteccionista no fue sino desperdicio puro.

 

Quienes quieren regresar al “nacionalismo económico” al que vinculan con el Desarrollo Estabilizador, no se han percatado que lo que dio al traste a ese período de elevado crecimiento económico sin inflación fueron precisamente las prácticas de protección comercial y de política industrial que generaron una industria que pasó de la infancia a la senilidad sin nunca ser productiva.

 

La fiebre proteccionista de esa época, que habría de culminar en severas crisis económicas, se extendió a toda América Latina y tuvo tres ingredientes esenciales.

 

1.      La Segunda Guerra Mundial ofreció una protección natural pues secó la oferta de productos provenientes de países industrializados concentrados en la industria bélica, lo que estimuló el nacimiento de industrias locales.

 

2.      Al término de la guerra las “industrias infantiles” de la región requerían de protección artificial para sobrevivir la competencia de los países avanzados. Se esgrimía que se requería tiempo para alcanzar las economías de escala necesarias para abatir los costos a un nivel internacional competitivo por lo que la protección sería efímera. Así, se prolongó cuatro décadas.

 

3.      La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de la ONU completó el cuadro al sustentar que había una “deterioro secular de los términos de intercambio” en perjuicio de los productos primarios y las materias primas de América Latina lo que hacía imperativo industrializarse para superar la pobreza. Pero la caída en los precios de las materias primas respecto a los de productos industrializados nunca pasó de ser una tendencia cíclica que solía revertirse con igual regularidad, por lo que representaba una base espuria para justificar una industrialización a cualquier costo.

 

Regresar a prácticas proteccionistas y políticas industriales como las descritas, sería un positivo suicidio nacional y echaría por la borda el largo y laborioso proceso de modernización productiva que lleva dos décadas y que ha cambiado de tajo y para bien el perfil del aparato productivo nacional.

 

Si realmente queremos restaurar tasas elevadas y sostenidas de crecimiento con estabilidad de precios, hay que consolidar las sanas políticas económicas que hicieron posible conseguirlas durante el Desarrollo Estabilizador y no adoptar de nueva cuenta las que causaron su destrucción.


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