MARTES, 10 DE OCTUBRE DE 2006
Los veneros del odio

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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Los de arriba, los de abajo; al basurero de la historia la derecha, los innombrables, nuestros adversarios que mandamos al diablo (con todo respeto); con aguinaldos de juguetería en el mercado de abalorios: sonríe, que ya ganamos. Así grita la Asamblea Popular ora sí que del Pueblo.”


El niño Dios te escrituró un establo / y los veneros del petróleo, el diablo”. No, la patria de hoy no es suave. Patria de víctimas y victimarios, decapitados y encobijados, encajuelados y ejecutados. Su gracia son los tiros de gracia. Los ajustes de cuentas. Los juicios populares. La justicia del tumulto, con rociados de pintura o gasolina. Es la patria profunda. Bronca, dura patria.

 

“Yo que sólo canté de la exquisita partitura del íntimo decoro / alzo hoy la voz a la mitad del foro”. Cantabas en 1921, insigne zacatecano, a la patria “impecable y diamantina”. Yo veo hoy el “golpe cadencioso de las hachas”, de la patria cuya superficie ya no es el maíz, sino la “amapola, lindísima amapola, será siempre mi alma tuya sola”.

 

“Patria: tu mutilado territorio / se viste de percal y de abalorio” mientras varios de tus hijos –Santa Anna, ¿no que te habías ido?– mutilan, ya no el territorio, sino el alma misma de la patria: los de arriba, los de abajo; al basurero de la historia la derecha, los innombrables, nuestros adversarios que mandamos al diablo (con todo respeto); con aguinaldos de juguetería en el mercado de abalorios: sonríe, que ya ganamos. Así grita la Asamblea Popular ora sí que del Pueblo.

 

“Moneda espiritual en que se fragua todo lo que sufriste… el sollozar de tus mitologías…” ¡Y qué reales parecen! Mitos sin fin, trompeteados por la voz del redentor que nos va ora sí que a redimir… nuestro mesías el de inmediata salvación…

 

Pero otros dicen “Suave Patria: te amo no cual mito, sino por tu verdad de PAN bendito… vives al día, de milagros, como la lotería. Tu imagen, el Palacio Nacional / con tu misma grandeza y con tu igual… / Te dará, frente al hambre y al obús / un higo San Felipe de Jesús”. Y se engarzan las ilusiones de un futuro que apenas recomienza, “sobre un garañón, y con matraca / y entre los tiros de la policía.” Claro, la policía que tira cuando se quita el uniforme y ejerce sin título en el drenaje profundo de la patria dura…

 

“Y nuestra juventud, llorando, oculta / dentro de ti el cadáver hecho poma”. Pudo también, don Ramón, haberlo dicho vuestro colega, Joan Manuel el único: “Hay un mexicano y quiere / vivir y a vivir empieza… mexicanito que vienes al mundo, te guarde Dios… uno de los dos Méxicos / ha de helarte el corazón…”.

 

Mexicanito, ¿qué patria te heredamos? “Trueno del temporal: oigo en tus quejas / crujir los esqueletos en parejas / oigo lo que se fue, lo que aún no toco…” Los veneros del odio y la violencia podrán helarte el corazón.


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