LUNES, 16 DE OCTUBRE DE 2006
El plan 2030 de Calderón

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“Por fortuna, no hay ningún rasgo fascistoide en el proyecto, al estilo de “refundar la nación y las instituciones”.”


Recientemente el Presidente electo Felipe Calderón anunció su proyecto de nación llamado México 2030. Por fortuna, no hay ningún rasgo fascistoide en el proyecto, al estilo de “refundar la nación y las instituciones”.

 

El proyecto de Calderón trata de establecer líneas de planeación de largo plazo sobre lo que se debe hacer en materia de políticas públicas de aquí al año 2030.

 

Se planean acciones en cinco grandes rubros:

 

·         Estado de Derecho y seguridad Pública

·         Economía competitiva y Generadora de Empleos

·         Igualdad de Oportunidades

·         Desarrollo sustentable

·         Democracia Efectiva y Política Exterior Responsable

 

El cumplimiento del primer rubro es crucial, pues ha sido el talón de Aquiles de la administración Fox.

 

Por supuesto, no han faltado los tiburones que ya están diciendo que el plan es bueno y que incorpora puntos del plan de López. Dios nos libre que esto sea verdad. Ya los tiburones se quieren convertir en propagandistas de Calderón. Claro, no ganó el candidato al que apoyaron, y ahora se aprestan a defender a toda costa sus rentas extraordinarias para seguir expoliando al consumidor. Calderón no les debe nada, y ojalá tome distancia de estos buscadores de rentas.

 

Bueno, los rubros a trabajar, que señala Calderón, nos parecen son los correctos para modernizar a México. En las formas coincidimos. Pero, para que esto no quede en sólo buenos deseos, se requiere en trabajar en los cómos.

 

Para que la economía mexicana sea competitiva, con desarrollo sustentable en el largo plazo, generadora de empleos productivos, con igualdad de oportunidades para todos para reducir la pobreza, es necesario que haya crecimiento económico vigoroso, y para que eso ocurra, es necesario que la inversión privada, nacional y extranjera, se detone también de manera vigorosa. Una condición para que se cumpla lo anterior, es contar con una infraestructura jurídico institucional que proteja los derechos de propiedad y su cumplimiento, creando con ello un ambiente propicio para los negocios.

 

La evidencia estadística muestra que los países que logran tasas de ahorro interno e inversión superiores a 30% de su PIB, obtienen crecimientos económicos promedio del 7%. Caso contrario, naciones que como México invierten en promedio sólo el 20% del PIB, sólo logran registrar tasas de crecimiento mediocres por abajo del 5% (si bien les va). ¿Por qué crece China a tasas promedio anuales de 10%? Sencillo, China invierte el 40% de su PIB (el doble de México). ¿Cómo lo hace? Permitiendo que la inversión privada fluya a todos los sectores de la economía, por lo cual no sólo depende de su ahorro interno, sino que, sobretodo, su crecimiento económico se sustenta con montos importantes de ahorro externo.

 

México necesita subir su tasa de la inversión en por lo menos 10 puntos porcentuales (pasar del 20 al 30% del PIB), lo que implica que al año requeriría de 80 mil millones de dólares más de lo que hoy registra el país en inversiones. ¿De dónde demonios saldrá ese monto formidable de inversión? Sin rollos amigo lector, que eso se lo dejamos a los políticos. La única manera de aumentar de manera espectacular (y rápida) el monto de las inversiones en México, es mejorando el régimen de inversión y ello pasa, primero, por mejorar el estado de derecho que proteja y haga coercitivo el cumplimiento de los derechos de propiedad de los inversionistas, y segundo, por desmantelar de una vez por todas a los monopolios del gobierno, lo que implicaría romper con los monopolios gubernamentales de PEMEX, CFE, Compañía de Luz, etc. Para que esto sea posible, se deben cambiar los artículos institucionales 25 al 28 que limitan la inversión privada (por ejemplo, ponen mucha restricción sobre la inversión extranjera en tierras y mares) y protegen a los monopolios del gobierno en perjuicio de los consumidores. Desmantelar, privatizar y abrir a la competencia al sector energético es lo óptimo, pero por desgracia, es políticamente inviable. Así que una salida deseable (aunque seguramente también implicará hacer cambios constitucionales) es, al menos, abrir los sectores eléctrico y petrolero a inversiones privadas como ocurre en todo el mundo. Sería deseable también que paraestatales como PEMEX y CFE se hicieran realmente públicas (esas empresas hoy no son públicas -no le pertenecen al público- sino del gobierno, lo que no es lo mismo) y se permitiera, vía las afores, que los trabajadores adquirieran acciones de las paraestatales, para que entonces sí, sin demagogia, realmente PEMEX y CFE les pertenezcan al pueblo.

 

Asimismo, Calderón debe iniciar toda una cruzada para que los gobiernos de los estados -y el federal- de una vez por todas dejen de meterle mano a PEMEX. Un primer paso hacia ello será disminuir las participaciones petroleras hacia los estados y fortalecer la inversión hacia la paraestatal y el fortalecimiento de un fondo de ahorro (para cuando lleguen épocas de vacas flacas) de los recursos petroleros como hoy lo está haciendo Rusia (¡Rusia ya lleva una “vaquita” de 300 mil millones de dólares!). Una manera de que los gobiernos de los estados acepten esta reducción en los recursos petroleros es que, paulatinamente, se hagan cada vez más responsables del cobro del impuesto sobre la renta; esto generaría un mayor incentivo de competencia entre los estados para mejorar su régimen de inversión (competirían por atraer más inversiones que creen empleos, para lo cual deben tener un régimen de inversión y fiscal moderno), y no como hoy, que mediocremente dependen del petróleo y de la caridad del gobierno federal. Autonomía, apertura accionaría al público, descentralización fiscal con mayor responsabilidad de recaudación de los estados, son la salida que Calderón tiene para que se acabe con el lastre que hoy son las paraestatales arriba mencionadas.

 

Mejorar el régimen de inversión, acompañado de una modernización de las paraestatales mexicanas y de una política tributaria sencilla, de bajos y parejos impuestos, así como de una desburocratización en el modo de hacer negocios (ello pasa por reducir el tamaño del gobierno que hoy aún es muy obeso, pues tiene muchas duplicidades, lo que en buena parte origina la enferma “tramititis” que hoy padece la economía) serán los primeros pasos (ojo, los primeros) que debe tomar Calderón si quiere hacer realidad sus metas en el 2030. Calderón debe entender que sólo un régimen de inversión agresivo, que aliente la inversión privada, nacional y extranjera, acompañado de una apertura en sectores cerrados a la inversión privada, así como de una política fiscal diseñada para el contribuyente, no para el gobierno, son los ingredientes para reducir la pobreza. Insistir en sospechosas “terceras vías”, que sólo se centran en la distribución de la riqueza y no en su creación, así como no extirpar el capitalismo de compadres que hoy predomina en la economía mexicana, sólo son paliativos para acabar con la pobreza y, en cambio, son verdaderos factores que sólo alientan más la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, lo que agudiza aún más nuestra dolorosa desigualdad social. Ahí está la salida. Ojalá Calderón tome nota y no se entrampe en los consejos de los tiburones y pobretólogos. El tiempo ya dirá.

 

Tabasco y Oaxaca

Cuando lea este artículo amigo lector, probablemente ya se habrán dado las elecciones en Tabasco (existe el riesgo de que el PRD reviente la elección). De acuerdo a las encuestas, el candidato del PRD va muy por abajo del candidato priísta. La posible derrota del PRD en Tabasco, sería parte de la debacle política de López Obrador. Ojalá las cosas salgan bien, pues el PRD planea reventar (por las vías violentas que caracterizan a este partido) el proceso electoral tabasqueño para evitar la derrota, tanto del candidato perredista, como la debacle política de López. Si no logran reventar la elección, y se cumplen las expectativas de una derrota por ancho margen, entonces el fascista López intentará seguramente gritar que hubo fraude, y lo peor, tratará de “oaxaquizar” a Tabasco. Mas vale que en gobernación se pongan las pilas, apliquen la ley, y ya dejen de ser víctimas (que los dejen de chamaquear pues) de las tácticas dilatorias estalinistas de la APPO. Y más vale que sea rápido, porque López no dudará en querer juntar el conflicto oaxaqueño (apoyado por perredistas y guerrilleros) con uno nuevo en Tabasco. Por otro lado, celebramos que no se haya caído en la trampa de querer obligar al Congreso a que reconociera la desaparición de poderes en Oaxaca (legalmente el Congreso no puede desconocer a los poderes locales de cualquier estado, solamente se limita a verificar si en cualquier estado hay ó no orden que pruebe que no funcionan los tres poderes de gobierno, para entonces sí, iniciar una votación en el pleno del Congreso que apruebe la anulación) para darle gusto a los perredistas. La caída de Ulises Ruiz habría sido un muy mal precedente. La siguiente cabeza a pedir habría sido la de Felipe Calderón. Definitivo, otro elemento para que el plan 2030 de Calderón se cumpla, es evitar que “atencos”, “appos”, “panchos villas”, “cejeacheros”, “panteras” y demás fauna similar, se apoderen de las calles y la libertad de los ciudadanos.


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