JUEVES, 2 DE NOVIEMBRE DE 2006
La política del patrimonialismo

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“México sigue siendo una utopía, los gobiernos locales y municipales se transforman en feudos y los ciudadanos en meros súbditos de los caprichos de sus majestades nuestros gobernantes.”


Muchos gobiernos en México se sienten herederos de la revolución, sean priístas o perredistas, pues de ellos es patrimonio la historia nacional, y aplican de la manera más arbitraria los preceptos de la izquierda revolucionaria y el nacionalismo más recalcitrante, de estos extremos lo que nos queda es una visión patrimonialista y corporativista de la función del gobierno.

 

Esta política es la que hace concebir el servicio público como el uso y abuso del poder, los ciudadanos no son más que un estorbo y una fuente de ingresos, legales o no, pero a eso nos reducimos, a ser meros números o meros derechohabientes, pero no hay nadie que respalde nuestros derechos pues la ley en esta visión es muy flexible hacia la autoridad y muy ajustada hacia Juan Pueblo.

 

Los devinieres de estos “gobernantes” son más que preocupantes pues su política se basa en asegurar los votos para la próxima elección y no la de beneficiar a sus votantes. De esta forma se aseguran de tener obras “listas” para las elecciones de repartir licencias, legales o ilegales, antes de fechas políticas calve, repartir ayudas asistencias a grupos sensibles o promover beneficios gubernamentales a movimientos ilegales o extralegales que garanticen una cuota fija de votos. Así lo demás es impunidad y desgobierno.

 

La impunidad y el desgobierno se basan en la visión de que el triunfo electoral y por tanto el gobierno y sus recursos son propiedad del ganador por el período que fue electo. Así las cosas se valen los “quinazos” para perseguir o cortar los “subsidios” a los socios de sus antecesores, se valen las corruptelas para beneficiar a sus familiares en puestos públicos, se valen las obras faraónicas, los cambios legales y todo aquello que los haga sentirse el “Cacique” del pueblo y que como dice el dicho sus chicharrones sean los que truenan. Se construye pues un gobierno autoritario y poco transparente, que no rinde cuentas a sus gobernados.

 

Pero lo más preocupante es que nos quieran imponer su agenda política o sus modos de ver la vida, lo peor es su presencia mediática para hacer pública esta agenda. Así atacan a los medios o a todo aquel que se atreva a señalarles sus obligaciones como el caso de la seguridad, de las marchas o de las indemnizaciones, a esos se los tacha de reaccionarios, conservadores, derechosos y hasta confabuladores de planes contra sus gobiernos.

 

Los ejemplos y los personajes abundan pero para muestra unos cuantos. Encinas y sus invitaciones a poner plantones ajenos en la ciudad, vamos, hasta servicio médico les ofrece; Ulises Ruiz y sus marchas “organizadas” para defender su gobierno, el alcalde de Acapulco bañándose en sus mugres playas para desmentir la contaminación, la policía de Playa del Carmen que quita placas o secuestra documentos personales para obligar a los “turistas” a pagar multas, la hoy ex delegada en Cuauhtémoc que clausura un hotel por servir a Fidel Castro, que de los gobiernos variopintos que organizan “cumbres” y eventos culturales con los excedentes petroleros.

 

El caso es que estos gobiernos no son exitosos en competitividad, no desregulan, no hacen cumplir la ley, no prestan servicios públicos adecuados, construyen elefantes blancos, no persiguen a la delincuencia, pero refrenda los triunfos para sus partidos, asegurando el dinero, los puestos y la impunidad. Así pues lo público, propiedad, gobierno, leyes, medios, etc., en México se transforma en privado por virtud de la política y de las elecciones. Así México sigue siendo una utopía, los gobiernos locales y municipales se transforman en feudos y los ciudadanos en meros súbditos de los caprichos de sus majestades nuestros gobernantes.


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