JUEVES, 2 DE NOVIEMBRE DE 2006
Calderón en la Cumbre de Negocios

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“El discurso de Calderón no tiene desperdicio pues plantea con meridiana claridad las que, a mi juicio, son las prioridades correctas, poniendo el énfasis en todos y cada uno de los problemas que hay que superar y en los medios idóneos para hacerlo.”


A diferencia del año pasado, en esta ocasión no asistí a la Cumbre de Negocios que organiza cada año Miguel Alemán en Veracruz, pero que este año se celebró en Monterrey. Lamento no haber estado presente pues el Presidente Electo Felipe Calderón hizo definiciones de la mayor importancia.

 

Si bien me hubiera gustado escuchar sus palabras de viva voz, la magia del internet me permite hacerlo desde mi computadora, en mi oficina de la ciudad de Washington mientras admiro el cambio en los tonos de las hojas de los frondosos árboles que veo desde mis ventanas.

 

El discurso de Calderón fue soberbio. Empezó por enfatizar la importancia que tenía acelerar el crecimiento económico del país como elemento necesario, pero no suficiente, para alcanzar el desarrollo económico, lo que debe incluir una generación de empleo mucho más rápida de la que hemos podido alcanzar.

 

Para conseguir la dupla de crecimiento y creación de fuentes de empleo, Calderón planteó como indispensable invertir mucho más de los que en el pasado, tanto por lo que se refiere a la inversión pública como a la privada, a la nacional y a la extranjera.

 

Para ello propuso un plan de acción que consiste en seguir haciendo lo que se ha venido haciendo bien, como el manejo responsable de las finanzas públicas para cuidar la estabilidad económica y evitar las temibles crisis que tan caras nos salieron en 1976, 1982, 1987 y 1994 y que explican buena parte del estancamiento de la economía de las últimas décadas.

 

A continuación, Calderón enfatizó la necesidad de elevar la competitividad de nuestra economía y enumeró los obstáculos que se interponen para ello: costos más elevados de producción atribuibles a un deficiente aparato tributario; a energéticos muy caros; y a obstáculos burocráticos y regulatorios serios.

 

Mencionó que hay que cambiar de cuajo los incentivos que enfrentan los agentes económicos, que en última instancia son todos quiénes invierten, ahorran y consumen en México, y cómo ello debe implicar que quien cumpla con la ley le vaya bien, y que éste no sea el caso para quien la viole.

 

Precisó también la necesidad de definir el desarrollo nacional como algo más amplio, que incorpore no sólo el desarrollo económico sino vaya por el progreso integral del hombre, lo que implica cerrar las brechas entre ricos y pobres, entre norte y sur, y entre la depredación humana y el medio ambiente. 

 

Fijó como prioritario el fortalecimiento institucional del Estado para habilitarlo a combatir con efectividad la inseguridad pública, para lo que se comprometió a recuperar, como su primera obligación como Presidente, la legalidad y a cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanan.

 

Definió estas prioridades por encima de intereses partidistas y agendas personales o de grupo, como auténticas políticas de Estado en las que se tienen que involucrar todos los ciudadanos, los partidos políticos y las organizaciones civiles, porque no cumplirlas los afecta a todos y en forma muy grave.

 

Reconoció que su gobierno no tenía alternativa sino restaurar la seguridad nacional como condición sin la cual es imposible pensar en elevar la competitividad del país, generar los empleos necesarios y crear la riqueza indispensable para mejorar la calidad de vida de todos los mexicanos.

 

Remató con que éste México distinto que él plantea alcanzar, es perfectamente posible y que es además compatible con una mayor justicia, creciente libertad y más democracia.

 

Me parece un discurso que no tiene desperdicio pues plantea con meridiana claridad las que, a mi juicio, son las prioridades correctas, poniendo el énfasis en todos y cada uno de los problemas que hay que superar y en los medios idóneos para hacerlo.


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