VIERNES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2006
Bolívar convertido en chavito

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“Por respeto a Simón Bolívar propongo que así como Hugo Chávez ha cambiado la constitución, la bandera, otros símbolos patrios y hasta los días de fiesta, cambie también el nombre de la moneda, sustituyendo al bolívar con un más apropiado y devaluado “chavito””


Miami (AIPE)- Cuando vivía en Venezuela, la moneda más pequeña era un centavo y la de mayor valor se llamaba "fuerte” (5 bolívares). Esta era una linda moneda de 37 milímetros de diámetro, mostrando la efigie del Libertador y el escudo nacional, indicando que era plata 900 y pesaba 25 gramos. En apenas dos décadas, el centavo ha sido reemplazado por una moneda de 10 bolívares y el Banco Central de Venezuela acaba de anunciar que acuñará una moneda de 1.000 bolívares, cuando el billete más grande en los años 80 era de 500 bolívares y hoy es de 50.000 bolívares.

 

Allí se evidencia la magnitud del robo que los venezolanos han sufrido de manos de sus gobernantes y funcionarios, siendo también parte de la explicación de por qué Venezuela aparece en el último lugar de América Latina en el Informe 2006 de Libertad Económica en el Mundo: en el puesto 129 entre 130 países,  junto a Rwanda, el Congo y Zimbabwe.

 

Quizás los argentinos, brasileños, bolivianos, paraguayos, ecuatorianos, nicas, panameños e isleños del Caribe le querrán preguntar a Hugo Chávez, en su próxima visita cargado de regalos y promesas, por qué Venezuela era un país rico cuando el petróleo se vendía a 3 dólares el barril, era producido y exportado por empresas multinacionales “imperialistas” que convirtieron al país en el principal exportador de crudo y que para 1958 llegó a controlar más del 50% del mercado petrolero internacional. Por el contrario, en el siglo XXI, las reservas, producción, refinación y exportación petrolera venezolana caen año tras año y, a pesar de que el precio está por encima de los 50 dólares el barril, los venezolanos sufren una miseria africana.

 

Se repite la historia. Si regresan quienes conocieron a La Habana y a Caracas en aquel año 1958, se sentirían que ahora están más bien en alguna de las capitales africanas al sur del Sahara. Allí quedan fotografiados para la historia los verdaderos logros del comunismo castrista y del socialismo del siglo XXI.

 

La primera devaluación del bolívar en el siglo XX –de 3,35 bolívares por dólar a 4,30–  la instrumentó el gobierno socialdemócrata de Rómulo Betancourt en 1961, luego de anunciar que no se otorgarían nuevas concesiones a las petroleras extranjeras y éstas, que tenían inmensos capitales invertidos en el país, lógicamente comenzaron a repatriar su dinero. Ese fue el inicio de la sustitución de la empresa privada que busca el lucro por bondadosas empresas estatales y por aquellas pertenecientes a los amigos del palacio presidencial, quienes obtienen financiamiento subsidiado de los bancos del gobierno y protección absoluta contra importaciones baratas.

 

Para completar el círculo, los peores ministros de Hacienda –ahora llamado ministro de Finanzas– que tuvo Venezuela en el período democrático anterior a Chávez fueron altos funcionarios de ciertos y determinados grandes grupos económicos, esos mismos que no creen en el capitalismo y la libre competencia sino en la  “responsabilidad social de la empresa”.

 

Así llegamos, en 1999, a la presidencia de Hugo Chávez, con un bolívar devaluado a 565 por dólar y que desde entonces el socialismo del siglo XXI ha hundido a su actual valor real (en el mercado paralelo) de 2.900 bolívares por dólar.

 

Por respeto a Simón Bolívar propongo que así como Hugo Chávez ha cambiado la constitución, la bandera, otros símbolos patrios y hasta los días de fiesta (el 12 de octubre es ahora el Día de la Resistencia Indígena), cambie también el nombre de la moneda, sustituyendo al bolívar con un más apropiado y devaluado “chavito”.

 

___* Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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