LUNES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2006
Para entender los mensajes de Calderón

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Las democracias empiezan a dar sus mejores frutos cuando los políticos y la política generan una sana apatía cotidiana.”


Hasta ahora, según la sabiduría convencional de los medios de comunicación (que no es sabiduría pero que aburre por lo convencional), Felipe Calderón no ha dado pistas claras de cuál será su estilo personal de gobernar, de cómo enfrentará los variados problemas del país, de cuáles son sus auténticas prioridades y de muchas otras cosas que los medios –mal acostumbrados por el parloteo insistente pero monotemático de los principales políticos en los últimos años- desearían ardientemente convertir en material de escándalo, ocho columnas, chismes y crítica…

 

Parece que los medios esperarían de Calderón gracejadas diarias o proclamas incendiarias para mantener al espectador al filo del asiento, tener al “rating” o al tiraje creciendo y oír a la caja registradora sonando con alegría. Nada de eso. Calderón les ha salido más callado que locuaz, más trabajador que amante de los reflectores, más dado a la declaración mesurada y al discurso estructurado y cauteloso que a los desafíos temerarios típicos de los habladores. Y hablando de… el inefable “prejijente” patito –o séase López– se desgañita de aldea en aldea y de plaza en plaza llamándole “pelele” y “espurio” al próximo Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y desafiando al respetable público –como si fuese el torero Lorenzo Garza redivivo- con insultos y desplantes de matoncito de barriada y… ¡nada!, ¡no lo pelan!

 

Algo similar le sucede a otros auditorios con Calderón Hinojosa. Y murmuran entre dientes que “no da color” o que le falta carisma –confundiendo el carisma, voz griega que equivale a “don”, con la chabacanería que embriaga momentáneamente a las multitudes, ávidas de sobresaltos y fatigadas de tanto no pensar-, o que será “gris”. (Eso, aunque usted no lo crea, es buena noticia, porque las democracias empiezan a dar sus mejores frutos cuando los políticos y la política generan una sana apatía cotidiana).

 

Sin embargo, Felipe Calderón ya ha enviado varios mensajes que merecen descifrarse, aunque no se ajusten al patrón de las ocho columnas.

 

Primer mensaje: Con la economía no se juega. Si la oferta fue promover la generación de empleos productivos hay que empezar, desde el primer día, por ahí. Por eso, el primer nombramiento contundente fue el de Agustín Carstens. Con este movimiento, Calderón logró tres objetivos cruciales: 1. Imperturbabilidad y confianza de los mercados, 2. Tender un sólido puente de continuidad y avance con el área que mejor funcionó en el gobierno de Fox –la que encabeza todavía Francisco Gil Díaz- y echar andar la transición efectiva y operativa en el corazón de la auténtica política (al final del día, toda política es política fiscal), con lo que marca distancias con algunos que creen que la destreza técnica se puede suplir con buenas intenciones o con bonito rollo y 3. Incorporar a su equipo al silencioso operador de muchas de las reformas financieras que se hicieron en el sexenio que termina –en el lapso de 2001 a 2003- quien no sólo es un excelente economista sino un negociador “suavecito y calladito”, pero sumamente eficaz. Lo que anticipa que Calderón sabe que hay que hacer reformas, pero ya aprendió –como todos nosotros- lo que NO hay que hacer para no abortarlas (por ejemplo, encargar a un personaje con más ambición que seso, como Santiago Creel, de la relación con el Congreso o andar hablando de más y prematuramente).

 

En otras palabras, si algo ya tiene definido y planchado el próximo Presidente Calderón es la agenda económica desde el primer día de diciembre. Nada mal, porque hay que empezar por los cimientos de la casa. Están firmes, que así sigan.

 

Segundo mensaje: México o es país de leyes o no es. Impensable escuchar a Calderón decir que una etérea “paz social” es más importante que el Estado de Derecho. Impensable esperar que cuando haya que aplicar la ley responda: “¿Y yo por qué?”. Esto no significa, ojo, que los enredos que heredará, como la tragedia de Oaxaca, los resolverá en 15 minutos; significa que a él está difícil que le tomen la medida… como le hicieron a otros.

 

Tercer mensaje: La Presidencia no es un espectáculo. Si los medios y los politiquillos quieren “nota” de escándalo que la busquen en otro lado –en el circo perredista o en los malabarismos que habrá de hacer Marcelo Ebrard en el gobierno de la capital- y en otros personajes. Las “notas” que dará la Presidencia, en todo caso, serán hechos, no palabras o gracejadas.

 

Me temo que los amantes del escándalo se aburrirán, pero quienes queremos ya ponernos a trabajar para salir de la media tabla del desarrollo, inyectarle productividad y dinamismo a la economía mexicana, sacudir de una vez por todas esos cotos cerrados de los grandes negociantes que impiden la competencia, me parece que estamos recibiendo –ya desde ahora- estupendas noticias de Felipe Calderón.


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