JUEVES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2006
Política, sociedad y mercados

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“Al parecer nuestras instituciones no fueron hechas de paja, o por lo menos han podido resistir los primeros embates de la tormenta”


Con la colaboración de Orlando Otero L.

 

Desde hace más de siete meses, se vive en nuestro país un marco político de conflicto y protesta. Por una parte el movimiento de la APPO en Oaxaca reclama la abdicación y la cabeza del gobernador del estado Ulises Ruiz Ortiz; por otra la resistencia de AMLO y sus secuaces, que amenazan con la consolidación de un “gobierno legítimo” y con impedir la toma de posesión del presidente electo en el palacio legislativo. En este clima, la violencia ha capturado cada día más espacios y los ajustes de cuentas y ejecuciones están a la orden del día. Periodistas silenciados, particularmente fuera del Distrito Federal. Aquí, bombas (no palomas, no cuetes: bombas) estallando en sucursales bancarias, sedes de partidos e instituciones públicas.

 

El ambiente político nos hace rememorar épocas fatídicas y grises. Si bien no es una situación idéntica a la crisis que se extendió a 1995, se puede notar que el nerviosismo generalizado de la población va en aumento.

 

La crisis política en Oaxaca ha dejado a su paso miles de empleos perdidos y pérdidas millonarias a los comercios afectados por las movilizaciones de la APPO. Las imágenes presentadas por la televisión nacional son aterradoras, cientos de manifestantes atrincherados tras vehículos incendiados arrojan bombas molotov a los granaderos entre gritos de guerra, cánticos de protesta y mentadas de madre.

 

En la ciudad de México, las marchas y congregaciones del gobierno legítimo del señor López esboza la imagen de un energúmeno durmiente más parecido al Leviatán de Hobbes que al movimiento civil pacífico que pregonan los de la revolución democrática. La figura quijotesca de Andrés Manuel López Obrador, arremete de lleno contra las instituciones y el marco legal, cual si fueran los molinos de viento, teniendo como punta de lanza a sus descamisados.

 

Diversos teóricos de la economía política, como Robert E. Hall y Charles I. Jones, ven en la infraestructura social la base del crecimiento económico de las naciones. Parte fundamental de ésta son las instituciones y el marco legal. La creencia de que éstas son fuertes motiva la inversión, la estabilidad y el crecimiento. La creencia de que las instituciones serán respetadas y que sus mandatos serán acatados es piedra angular de la estabilidad política y macroeconómica de los países.

 

Los actos de la APPO y las infames declaraciones de AMLO, contra toda lógica y sentido común, representan un peligro y un daño a todo lo que se ha conseguido por reforzar nuestras instituciones, y así lograr que se desprendan de los actores políticos; sin embargo, lo que se podría pensar como el principio de la debacle a nivel nacional y, en consecuencia, la condena a la pobreza como nación, ha sido percibido por los mercados, hasta el momento, como contratiempos propios de la democracia.

 

La Bolsa Mexicana de Valores y el mercado cambiario, no han presentado cambios que puedan ser interpretados como el reflejo de la situación política que vive el país. Muy por el contrario, reflejan un entusiasmo notable. Un máximo histórico tras otro en el mercado accionario; un peso razonablemente fuerte.

 

Al parecer nuestras instituciones no fueron hechas de paja, o por lo menos han podido resistir los primeros embates de la tormenta. El mercado nacional, así como el internacional, lo reconocen. México aparentemente ha dejado atrás la época en la que los escándalos políticos y las presiones de grupos minoritarios se traducían en la fuga de capitales y pérdidas colosales para el sector empresarial y asalariados, es decir para la nación en conjunto.

 

Nos encontramos en un punto de quiebre en el desarrollo social y democrático de nuestro país. Ahora toca ver si las manifestaciones y la resistencia de los grupos de oposición seguirán siendo vistas como parte natural del proceso democrático o si sólo nos encontramos en la falsa calma antes de que la realidad de la tormenta nos golpee en la cara con toda su intensidad.

 


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