JUEVES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2006
¿Periodistas o perritos de Pavlov?

¿Usted cree que es buen momento para realizar inversiones en México?
No
No sé



El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• Propaganda, censura y autocracia

Arturo Damm
• Progreso social, ¿hacia dónde?

Luis Pazos
• Pemex: ideologías contra aritmética

Arturo Damm
• Afirmaciones falaces

Ricardo Valenzuela
• Unión de Estados Americanos Socialistas (II)

Arturo Damm
• ¿Otra tenencia?

Víctor Hugo Becerra
• El gobierno de López Obrador, un fracaso


Pulsaciones...
• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Juan Pablo Roiz







“Salvo excepciones notables, este gremio se caracteriza por su ignorancia ilustrada con lugares comunes, su arrogancia, así como por su incapacidad congénita para investigar y razonar por cuenta propia”


Jorge Castañeda le ha llamado la “comentocracia”. Se refiere, desde luego, a esa pléyade de personajes que, se supone, “comentan” los asuntos de actualidad en beneficio, también se supone, de lectores, radioescuchas, televidentes. Salvo excepciones notables –más adelante mencionaré con nombre y apellido una de estas excepciones en la radio, así como a un medio impreso que también ha sido excepcional- este gremio se caracteriza por su ignorancia ilustrada con lugares comunes, su arrogancia, así como por su incapacidad congénita para investigar y razonar por cuenta propia. Todo esto los hace deliciosamente previsibles.

 

En días recientes la “comentocracia” nos ofreció dos muestras perfectas de su previsible estupidez. Tan perfectamente previsibles fueron las reacciones de los “comentócratas” que habrá que considerar seriamente clasificarlos ya como “perritos de Pavlov” que ladran automáticamente, en uno u otro sentido según sea el estímulo externo al que son sometidos.

 

Caso Uno: Algún subnormal de los que pueblan el panorama político mexicano (por ejemplo, Gerardo Fernández Noroña o Leonel Cota, por mencionar a los más notorios) lanza la enésima y tosca bravata de que los feligreses de Andrés Manuel López Obrador –farsante legítimo- no permitirán que “tome posesión” el Presidente electo Felipe Calderón. De inmediato se pone en marcha el mecanismo de los reflejos condicionados. Los reporteros corren a las redacciones o al teléfono más próximo para mandar la nota “de ocho”, los editores experimentan un sobresalto (“hay nota” –conjeturan- porque la bravata de los subnormales reúne todas las características de lo que ellos entienden por “periodismo”: 1. Es un dicho, no un hecho, 2. Es un exabrupto primario que entienden hasta reporteros y editores, por tanto: lo entenderá el público, 3. Suena atemorizante y se presta para desgranar adjetivos adocenados), así pues se lanza al aire o a las prensas la presunta “noticia” adornada de gruesos caracteres o de gritos destemplados; más tarda en circular la “nota” que los miembros de la “comentocracia” en elaborar sesudas interpretaciones – todas iguales, todas mal informadas, todas pletóricas de lugares comunes en boga desde los años setenta del siglo pasado- y lanzarlas al aire con voz engolada, aguda o de aficionados al aguardiente (cada cual su “estilo”). Se cumple, con exactitud y precisión científica, el experimento: Los perritos ladradores, nerviosos y exasperantes, reaccionan justamente como era previsible. Lanzan grititos de alarma, desempolvan presagios apocalípticos, regañan doctamente a unos y a otros, auguran los peores males…Tan previsible y gastado que aburre a fondo al auditorio.

 

Caso dos: Se anuncia que para sufragar los costos de tener gasolina “Premium” de bajo contenido de azufre y diesel de las mismas características (bajo en azufre) ordenada por una políticamente correcta “norma ambiental mexicana”, los precios de esos productos tendrán que subir. Suena la campanita para los perritos de Pavlov. En lugar de leer con cuidado la información oficial e investigar, antes de lanzar conclusiones infundadas, la comentocracia reacciona instintivamente – saliva, excreta jugos gástricos y biliares, no piensa porque eso desgasta las neuronas- rebusca en su inventario de lugares comunes y dice burradas perfectamente previsibles: “¡Qué barbaridad, el gobierno de Fox nos da un golpe artero a los pobres!” (Ojo, en este país todos, empezando por Carlos Slim, se autodefinen como pobres y de atinada izquierda), “¡Tienen el pulso político de un elefante, si de por sí Felipe Calderón llega raspado y sin credibilidad a la Presidencia!”, “¡Cómo se le ocurre a Paco Gil hacerle esta maldad a su sucesor en la Secretaría de Hacienda!”, “¡Juegan con el hambre del pueblo!”, “¡La inflación se va a disparar hasta las nubes!”, “¡Lo conducente es decretar un inmediato aumento a los salarios de seis por ciento!”…

 

En medio de los ensordecedores ladridos de los perritos pavlovianos alcanzo a escuchar un comentario en la radio verdaderamente inusitado e increíble: En la estación 98.5 de Grupo Imagen (antes la estación se llamaba “Radioactivo”) el mismo miércoles en la noche Ángel Verdugo hace una exposición impecable e implacable de la noticia. Ángel advierte, primero, que vamos a escuchar a toda clase de politiquillos rasgándose las vestiduras…, y que no debemos creerles. Después, explica con claridad que el impacto en la inflación de estos aumentos es totalmente marginal (de hecho llegará, en el peor de los casos, a 0.02% en el índice nacional de precios consumidor y a 0.03% en el índice nacional de precios productor) dado el bajo consumo de ambos combustibles (Premium y diesel bajo en azufre), advierte que es un inevitable traslado de costos a precios debido a que para importar esos combustibles (que no se producen en México dada la dichosa “soberanía”) PEMEX incurre en gastos de miles de millones de pesos, dados también los altos precios mundiales del petróleo y de sus derivados; concluye que es una buena decisión de política pública -conforme a las circunstancias- porque evita que se siga descapitalizando la paraestatal y tomada en el momento oportuno –antes de que sigan creciendo los costos de estas importaciones con cargo a las finanzas públicas y antes de que empiece el nuevo gobierno, y se discuta el presupuesto 2007-, para dejarle alineados precios y finanzas públicas a la nueva administración. Claro, breve, contundente. Todavía se da el lujo de señalar que si acaso sus comentarios no se entienden ello será exclusivamente por su culpa, por no saber explicar con claridad las cosas, y en modo alguno del público (¡bravo!, regla número uno del comunicador profesional: Si no te entienden siempre es tu culpa, jamás de los receptores de la comunicación; tu deber es ser claro y no es deber del público el ser exegeta). Una luz en medio de la oscuridad.

 

La otra excepción a la manada de perritos pavlovianos ha sido, a mi juicio, el periódico “El Economista” que le dio su justa relevancia a la noticia (marginal) del aumento en esos combustibles y que en el caso de los presagios apocalípticos respecto del primer día de diciembre simplemente los ha desdeñado. Su lema podría ser “no publicamos basura”… y sus lectores habituales lo agradecemos.

 


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus