LUNES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2006
¿Quiénes son los conservadores?

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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Lo peor que nos puede pasar es que el terreno común en el que “izquierdas” y “derechas” traten de unirse sea el del miedo a la libertad y al orden social espontáneo; el de la fe superticiosa en el orden impuesto a la sociedad y a los mercados por un comité de déspotas benevolentes.”


Hay quien considera que el avance del “fundamentalismo religioso” en Estados Unidos ha ido de la mano del retorno de posturas políticas que promueven una mayor intervención del gobierno en la vida económica. Desde este punto de vista no sería casual ni contradictorio, por ejemplo, que el neo-conservadurismo moral en el gobierno de George W. Bush tenga su correlato en la reaparición del déficit fiscal, así como en el resurgimiento de posiciones proteccionistas contra la libre migración y el libre comercio, en ese país.

 

Algo similar se estaría verificando en España con la convergencia entre nacionalistas de honda raigambre conservadora y socialistas. A muchos les sorprenderá saber, por ejemplo, que el  Partido Nacionalista Vasco, hoy visto con benevolencia y simpatía por no pocos “izquierdistas de corazón”, es desde su origen un partido profundamente reaccionario; su lema originario es: “Partido Vasco de Dios y de la Ley Vieja”. Como dice Jon Juaristi: “Todo un programa”. Su ideólogo fundador Sabino Arana Goiri  (1865-1903) proclamaba la superioridad de una supuesta raza vasca (hay descabelladas argumentaciones pseudocientíficas que pretenden avalar este mito racista), culpaba a los inmigrantes (maketos) de toda clase males y aborrecía por igual a los comunistas –por ateos– que a los liberales por dar prioridad al individuo libre, lo cual degeneraba – según su férrea doctrina- en la decadencia de los valores, de las costumbres, de la lengua y de las tradiciones.

 

No nos debería extrañar este maridaje entre conservadores de izquierda y de derecha –por encima de las visicitudes de algunos desencuentros electorales- si recordamos las afinidades entre Stalin y Hitler, entre los ayatolas de la revolución islámica iraní y los comunistas y decenas de ejemplos más en la historia. Mucho menos debería sorprendernos si atendemos a la matriz común en que se fermentan los conservadurismos: El miedo a la libertad individual y la creencia, irracional, en las bondades de una suerte de “ingeniería social” que lo mismo sirve para planificar toda la vida económica que para diseñar e imponer a los demás costumbres morales que, se supone, infaliblemente conducirán a la felicidad colectiva.

 

En medio de este panorama de ignorancia y confusión intelectual vale la pena releer con detenimiento el estupendo alegato de Friederich Hayek:

 

Why I’m not a conservative?”          

 

Cito como despedida un párrafo de ese brillante ensayo de Hayek: “El miedo a confiar en las incontroladas fuerzas sociales está estrechamente relacionado con otras dos características del conservadurismo: Su afición por las soluciones de autoridad y su falta de comprensión acerca de las fuerzas económicas”.


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