LUNES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2006
Economía, ¿trágica? ¡Sí, así es!

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Esto viene a cuento con el fin de explicar el alza en el precio de la gasolina Premium y del Diesel.”


En su clásico Ensayo Acerca de la Naturaleza y Significación de la Ciencia Económica, de 1932, Lionel Robbins, uno de los más destacadas representantes de la época de oro de la London School of Economics, escribió lo siguiente: “La Economía, lejos de sostener que existe una armonía de fines (…), nos hace ver en toda su amplitud ese conflicto de elección, característica permanente de la existencia humana. El economista es un trágico de verdad”[1] o, parafraseándolo, la actividad económica es trágica, es decir, conflictiva. ¿Por qué? Porque no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, mucho menos al precio que cada uno estaría dispuesto a pagar, ¡que en última instancia es cero! Es por ello que debemos elegir entre esto o aquello, y si elegimos esto entonces, inevitablemente, renunciamos a aquello. ¿Trágico? ¡Sí, claro que sí!

 

En el ámbito de la economía la elección, muchas veces, toma la siguiente forma, sobre todo cuando aumentan los costos de producción y/o comercialización de las mercancías: precios iguales y menor oferta, o igual oferta a mayor precio. Ante el aumento en el costo de producción y/o comercialización de la mercancía resulta imposible ofrecer la misma cantidad al mismo precio, razón por la cual hay que elegir: precios iguales y menor oferta, o igual oferta a mayor precio, elección que no es efecto del capricho de alguien, sino de las leyes de la economía que, como lo señala Robbins, “describen consecuencias inevitables”, siendo “iguales a las otras leyes científicas”, y por ello “incapaces de suspensión”.

 

Lo anterior viene a cuento con el fin de explicar el alza en el precio de la gasolina Premium (incremento de 29 centavos más IVA) y del Diesel (aumento de 16 centavos más IVA), ambos combustibles de ultra bajo azufre, que PEMEX introdujo al mercado el pasado mes de octubre, con el fin de cumplir con la Norma Oficial Mexicana “NOM-086-SEMARNAT-SENER-SCFI-2005, Especificaciones de los combustibles fósiles para la protección ambiental”, alzas en los precios de dichos combustibles que han generado todo tipo de comentarios, la mayoría equivocados, por ignorancia o mala fe, muestra de la irresponsabilidad de quienes así comentaron.

 

El hecho (ojo: hecho) es que a PEMEX la introducción al mercado de la gasolina Premium de ultra bajo azufre le cuesta 2,100 millones de pesos adicionales al año, al tiempo que la introducción del Diesel, también de ultra bajo azufre, le cuesta, también al año, 2,800 millones de pesos más. El hecho es que aumentaron los costos de producción y/o comercialización de estas mercancías, lo cual modifica las condiciones del mercado por el lado de la oferta, debiéndose elegir: precios iguales y menor oferta, o igual oferta a mayor precio.

 

Si quienes consumen gasolina Premium (consumo que representa el 17 por ciento del total, siendo el restante 83 por ciento consumo de Magna) desean seguir consumiéndola en las mismas cantidades, ante el aumento en el costo de producción y/o comercialización, deben estar dispuestos a pagar un precio mayor. Exactamente lo mismo para quienes consumen Diesel.

 

¿De qué se trata? De lo dicho por Robbins: “La Economía, lejos de sostener que existe una armonía de fines (…), nos hace ver en toda su amplitud ese conflicto de elección…”, producto de las condiciones económicas de la existencia humana: no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, mucho menos al precio que cada uno estaría dispuesto a pagar, ¡que en última instancia sería cero!



[1] ROBBINS, Lionel; Ensayo acerca de la naturaleza y significación de la ciencia económica; Fondo de Cultura Económica; México, D.F.; 1980; p. 55.


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