MARTES, 5 DE DICIEMBRE DE 2006
Política Industrial (II)

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“La política industrial del gobierno no tiene por qué ser una pasiva. Hay muchísimas áreas en las cuales el gobierno tiene que intervenir.”


En el artículo pasado destaqué algunos elementos que tiene que guiar la política industrial de la nueva administración: reducción de los costos de transacción para las empresas a través de un proceso rápido y profundo de desregulación en los tres niveles de gobierno, garantía del cumplimiento de los contratos a través del fortalecimiento de los poderes judiciales federal y estatales y una mejora en los registros públicos de la propiedad y del comercio así como un cambio estructural en el sistema de seguridad social para reducir los incentivos para los trabajadores a permanecer en la informalidad. Obviamente estos son solo algunos de los elementos. Otros, también importantes son: un combate frontal a las prácticas monopólicas, una mayor apertura de la economía y una intermediación financiera más eficiente.

 

Uno de los mayores costos que enfrentan las empresas del país, de cualquier rama de actividad económica, es enfrentar prácticas monopólicas en sectores claves de la economía, lo que se traduce en una menor competitividad en el mercado internacional de bienes. Destacan al respecto los monopolios y las prácticas monopólicas en telecomunicaciones, transporte aéreo, transporte marítimo de cabotaje, cemento y todo el sector energético, particularmente en electricidad, pero hay también otras prácticas monopólicas que incrementan los costos de operación para las empresas vis a vis los que enfrentan las empresas localizadas en otras partes del mundo como por ejemplo las prácticas notariales. Introducir elementos de competencia en todos estos mercados a través de modificaciones legales y regulatorias que permitan el acceso de nuevos oferentes de estos bienes y servicios, así como una mayor actividad antimonopólica por parte de la Comisión Federal de Competencia se traduciría en menores costos de operación para las empresas demandantes de estos bienes y servicios, un mayor grado de competitividad y, muy importante, un mayor bienestar para los consumidores.

 

Otro frente sobre el que hay que actuar es la apertura de la economía. Aunque la economía mexicana es una de las más abiertas del mundo como resultado de los diferentes acuerdos de libre comercio, aun hay un importante trecho que recorrer cuando se trata de importaciones provenientes de países con los cuales no existen tales acuerdos. Mantener aranceles elevados para tales importaciones evita, en gran medida, que las empresas nacionales no puedan acceder en condiciones competitivas a proveedores más baratos, es decir, la permanencia de tales aranceles deriva en una desviación del comercio internacional hacia proveedores más caros pero con los cuales se tiene un tratamiento comercial preferencial. Moverse hacia una apertura integral de la economía sin duda reduciría los costos para las empresas nacionales.

 

Un tercer elemento es lograr un proceso de intermediación financiera más eficiente. Durante el pasado sexenio mucho se avanzó para tener un mercado financiero más competitivo, particularmente en el ramo bancario, así como un acceso con reglas más claras y eficientes de rendición de cuentas y de protección a los accionistas minoritarios en el mercado de valores. Estos avances tienen que profundizarse para que las empresas, particularmente las medianas, puedan tener acceso a financiamiento a un menor costo.

 

La política industrial del gobierno no tiene por qué ser una pasiva. Hay muchísimas áreas en las cuales el gobierno tiene que intervenir. El punto central de tal intervención no es generar, por política gubernamental, a los ganadores y perdedores, no es dar rentas a algunos a cambio del bienestar de otros. La política industrial del gobierno es, simple y llanamente, dotar a las empresas de reglas claras, transparentes y carentes de discrecionalidad en su aplicación por parte de una burocracia que, por su naturaleza, es buscadora de rentas. Dotar a la economía de este marco institucional en el cual prevalezcan los mercados competitivos es más que suficiente.

 

Al margen

 

En medio del ridículo perredista, tomó posesión Felipe Calderón. Esperemos que su actuación como presidente sea ante todo, un sólido compromiso con la legalidad, con fortalecer y hacer que se cumpla un íntegro estado de derecho. Es nuestra única salida de la mediocridad en la que hemos vivido.


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