Economía para todos
Dic 27, 2006
Rigoberto Stewart

¿¡Anti-dumping!?

El concepto de competencia desleal es una estupidez empobrecedora que gusta mucho en países atrasados.

En la columna anterior decíamos que se alega la existencia de dumping cuando una empresa del país B vende en el país A un producto a un precio por debajo de sus supuestos costos de producción, y que cuando eso ocurre, las autoridades del país A imponen restricciones a la importación del bien de marras, aduciendo que la competencia con los productores domésticos es desleal. Señalamos, asimismo, que este concepto de dumping carece de sentido económico, es contrario a la creación de riqueza, dificulta la buena gestión empresarial, invierte el concepto de lealtad, es corrupto y genera corrupción.

 

Sentido económico. Además de un componente estrictamente subjetivo, los costos de producción (CdP) de una empresa incluyen los costos de oportunidad de los recursos utilizados, los cuales son equivalentes a la productividad de esos recursos en el mejor uso alternativo. De ahí que es imposible medir los verdaderos CdP, por lo tanto, el usar esta medición para determinar la existencia de dumping carece de sentido económico.

 

Creación de riqueza. En el sistema de especialización e intercambio (SE&I), la esencia de la creación de riqueza consiste en que cada individuo encuentre la mejor solución (la más barata) para sus necesidades de consumo, en cualquier parte del mundo. Esto implica que los bienes baratos provenientes de otro país son un factor de riqueza en el país A. Enriquecen a todos los consumidores (empresas y personas) del bien en cuestión y, luego, a todos los productores de los otros bienes cuya demanda incrementa a raíz del primer efecto enriquecedor. Por eso, una política anti-dumping es una política anti-riqueza.

 

Gestión empresarial. En el país A existen dos grupos de productores. Grupo 1: los que fabrican el bien Z; y Grupo 2: los que utilizan ese bien como insumo de producción. Para estos últimos, la gestión empresarial resulta difícil, pues les es difícil planificar su producción en un ambiente donde cualquiera puede alegar dumping e interrumpir el flujo de los materiales que necesitan, o encarecerlos. Por otra parte, toda empresa debe tener la libertad para investigar la acogida de su producto mediante precios de introducción, rebajas, cortesías, etc.

 

Lealtad. En el SE&I, toda competencia donde no medie ni la fuerza ni el engaño es leal. Siempre perjudicará a unos y beneficiará a otros. Las empresas del país B que venden barato, en realidad, son muy leales con el Grupo 2 de productores del país A (los que, en este caso, generan la riqueza). El concepto de competencia desleal es una estupidez empobrecedora que gusta mucho en países atrasados.

 

Corrupción. El funcionario de la oficina anti-dumping tiene todo el poder para beneficiar a familiares, amigos o partidarios, o perjudicar a otros. Un poder que no suele desaprovechar. Y el empresario que puede ganar millones de dólares mediante una acción anti-dumping, siempre estará tentado a comprar el favor del funcionario. Ningún burócrata o político debería tener este tipo de poder.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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