VIERNES, 5 DE ENERO DE 2007
¿Aguafiestas?

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Legalizar y reglamentar el consumo de drogas es algo que no es el mayor de los bienes, pero sí el menor de los males”


El gobierno de Calderón inició con acciones en contra del narcotráfico: primero fue la Operación Michoacán, a la cual la siguió la Operación Tijuana. ¿El objetivo? Si no eliminar el narcotráfico, sí ponerle un freno. ¿Los resultados? Están por verse, pero, desafortunadamente, lo más probable es que no sean, ni remotamente, los deseados, por una razón muy sencilla: la única manera de eliminar un efecto es eliminando su causa. ¿Y cuál es la causa del narcotráfico? La prohibición del consumo, y por lo tanto de la venta, de drogas. ¿Qué se requiere para terminar con el narcotráfico? Legalizar y reglamentar el consumo de drogas, algo que no es el mayor de los bienes, pero sí el menor de los males. Vamos por partes.

 

Uno. Consumir drogas, ¿es una acción delictiva por su propia naturaleza? No, es una acción dañina para la salud, que puede llegar a ser mortal, pero no es, de ninguna manera, una acción delictiva por su propia naturaleza.

 

Dos. ¿Cuáles son las acciones delictivas por su propia naturaleza? Las que atentan contra la vida, la integridad física, la libertad y la propiedad de los demás. El que una persona consuma drogas, además de atentar contra su salud y su vida, ¿atenta contra la vida, la integridad física, la libertad y la propiedad de alguien más? No.

 

Tres. ¿Qué debe hacer el gobierno? Prohibir que nos hagamos daño unos a otros (garantizar la seguridad contra la delincuencia) y, en caso de que la prohibición no surta efecto, castigar a quien dañe a terceros (impartir justicia, que consiste, no tanto en castigar al delincuente, sino en resarcir a la víctima del delito)

 

Cuatro. Desafortunadamente los gobiernos no se limitan a garantizar la seguridad contra la delincuencia, y a impartir justicia, pretendiendo ser desde ángeles de la guarda, que nos preservan de todo mal, hasta hadas madrinas, que nos conceden todos los bienes. El gobierno ángel de la guarda pretende evitar que nos hagamos daño a nosotros mismos, y para ello prohíbe, entre otras cosas, el consumo de drogas, declarando que esa acción es delictiva, siendo que, por su propia naturaleza, no lo es.  

 

Cinco. ¿Qué tenemos? En primer lugar un abuso, que viola la libertad del individuo y, en segundo término, una consecuencia inevitable, el narcotráfico, que atenta, con su poder armado, pero todavía más grave, con su enorme poder corruptor ($$$$$), contra el Estado, sus gobierno y sus leyes.

 

Seis. ¿Cuál es el resultado? Muchos muertos y más corruptos. ¿Por qué? Porque el gobierno no se limita a prohibir que nos hagamos daño unos a otros, prohibiendo, además, que nos hagamos daño a nosotros mismos, prohibición que siempre termina en estrepitosos fracasos, tal y como lo estamos viendo en el caso del consumo de drogas.

 

Por más dañino que sea, el consumo de drogas no es una acción delictiva por su propia naturaleza, razón por la cual el gobierno no debe prohibirla, prohibición que da origen al narcotráfico, sin olvidar que quien que se ha convertido en una amenaza para el gobierno no es el drogadicto, sino el narcotraficante, con su poder armado y, lo peor, su enorme poder corruptor. ¿Cómo terminar con esto último? Legalizando y reglamentando el consumo de drogas, tal y como lo están muchos otros consumos igualmente dañinos para la salud. Insisto: no es el mayor de los bienes, pero sí el menor de los males.

 

Por último la aclaración de cajón: no estoy a favor del consumo de drogas, pero sí de la libertad, aún en los casos en los cuales la persona la usa para atentar contra sí misma.

 


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