JUEVES, 11 DE ENERO DE 2007
El tribunal de los chacales

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El punto sobre la i
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Antonio Escohotado


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“Los chacales son mamíferos, carroñeros y gregarios. Por su parte, una jauría se define como el conjunto de quienes persiguen con saña a una persona o a un grupo. Ni modo, hay que recurrir a la zoología para describir algunos fenómenos de la mal llamada “opinión pública”.”


Ayer inició su tercer mandato Hugo Chávez proclamando el carácter redentor del socialismo. “Nada ni nadie –advirtió- nos hará detener el carro de la revolución socialista en Venezuela, cueste lo que cueste”. Este tipo de arengas suelen ser, entre otras cosas, el pistoletazo de salida para que las más variadas jaurías de carroñeros morales inicien su carrera.

 

Además del desastre económico, los redentores populistas de la calaña de Chávez generan una profunda descomposición moral en la sociedad. La perversión es tanto mayor cuanto que estos predicadores se disfrazan de jueces morales absolutos, implacables, purificadores; no se les cae de la boca la condena moral a toda disidencia y a los “enemigos de la revolución”. A su imagen y semejanza proliferan tribunales “morales” en los medios de comunicación, en los corrillos políticos, en los barrios, en las empresas, en las familias… En nombre de la revolución –o de alguna patraña semejante- se levanta la “odiosa” veda contra los linchamientos que la “democracia burguesa” había erigido, con sus normas igualmente “odiosas”: que debemos regirnos por las leyes escritas, que toda persona tiene derecho a ser juzgada imparcialmente en base a hechos comprobados, no a supuestos ni a murmuraciones calumniosas, que a nadie le es lícito condenar a otro a partir de fantasiosos juicios sobre las intenciones ajenas…

 

En el infierno que construyó Stalin era normal condenar a los campos de trabajos forzados (al “Gulag”) a un científico que osase compartir sus hallazgos intelectuales con sus colegas extranjeros. No hemos avanzado mucho cuando se ve “normal” emitir sentenciosas condenas “morales” contra quien pudiera -¡horror!- aportar talento, buen juicio y conocimientos a odiosas corporaciones extranjeras (el colmo: ¡y de la pérfida Albión!).

 

El diablo en el púlpito y con la toga de juez. “Construir la vía venezolana al socialismo es el único camino a la redención” aleccionó ayer Chávez. Ya veremos proliferar –como tercera etapa de esta infernal “marcha hacia delante” del presunto socialismo venezolano- todo género de tribunales “populares” en los que hambrientas jaurías condenarán a quien no se someta a la dictadura de los incompetentes.

 

La envidia –el pesar por el bien ajeno, el odio al mejor- es la primera norma en el tribunal de los chacales, que algunos llaman con increíble desfachatez “opinión pública”.

 

Friederich Hayek lamentaba en “Camino de Servidumbre” que en el socialismo real invariablemente son los peores quienes se ponen a la cabeza y explicaba el fenómeno como parte de la estandarización obligada en lo más bajo. La otra cara de esa moneda es que, invariablemente también, el tribunal de los chacales se ceba en contra de los mejores.

• Venezuela

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