LUNES, 15 DE ENERO DE 2007
La tortilla y la manipulación de precios

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“El mejor antídoto contra el alza de precios en cualquier mercado es dejar que los precios se muevan libremente.”


Vaya rasgadura de vestiduras que está ocasionando en México el alza de la tortilla. Políticos, periodistas, alguno que otro economista distraído y hasta un banquero central, están siendo presa de confusiones, y a veces, de bisoñería pura. Nuevamente han surgido palabras que francamente creíamos ya en desuso y que pertenecen al pasado estatista de México: soberanía alimentaria, suficiencia alimentaria, control de precios, especuladores abusivos, acaparadores, hambreadores, empresarios chupeteadores, seguridad nacional, intermediarios malditos, etc.

 

Vaya memoria de nuestros párvulos políticos y de nuestros “líderes” de opinión (de medicina y física nunca opinan, pero en materia de economía todos se sienten expertos y quieren meter su cuchara, vaya falta de respeto a esta ciencia). A ver, recordémosle a todos los desmemoriados cuáles son las consecuencias de no permitir que el mecanismo de precios funcione adecuadamente. A continuación, amigo lector, le contaré brevemente la historia real que ocurrió en EU en la mitad de la década de los años setenta del siglo pasado. Es importante recordarla porque ahí encontraremos los prolegómenos de la actual crisis del maíz.

 

Corría el año de 1974, y en plena guerra fría, el cártel llamado Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), decidió manipular el mercado petrolero subiendo extraordinariamente su precio (sin precedente para aquella época). Duro golpe fue esta alza para EU, que importaba ya en ese momento la mitad del petróleo que consumía. Así, una primer consecuencia fue el alza en el precio de uno de los derivados fundamentales del petróleo: la gasolina. Obvio, esto ocasionó la molestia de millones de norteamericanos usuarios de automóviles, los cuáles ahora tenían que pagar más por consumir más. El Congreso estadounidense de aquella época decidió actuar “decididamente” y estableció una primer medida para “regular” al mercado. La primer política adoptada se llamó fijación doble del precio del petróleo y consistía en vender petróleo a las refinarías (las que se encargan de producir gasolina) a dos precios: al que regía en el mercado internacional y al precio nacional (que era más barato que el internacional) que regía para los pozos existentes en EU cuya explotación precedía al alza causada por la OPEP. Con esta medida, el Congreso pretendía mitigar el alza en el precio de la gasolina, pues ahora las refinerías tendrían acceso a petróleo barato. El resultado de la medida: las refinerías se agotaron rápidamente el petróleo barato y el precio de la gasolina al público nunca bajó (claro, el precio de la gasolina sólo reflejaba su costo y éste dependía principalmente del precio internacional) y sólo se transfirió excedente de los productores nacionales de petróleo a los refinadores. Al darse cuenta de esto, las autoridades decretaron un control de precios sobre la gasolina (como el que hoy desean algunos políticos desactualizados en México). Con este control, todas las refinerías de gasolina estaban obligadas a cobrar un precio basado en los costos de producirla, el cual era determinado a su vez, principalmente, por el costo del petróleo que podrían comprar. La existencia de petróleo nacional barato era diferente en cada lugar. En Texas, las refinarías estaban muy cerca de la principal fuente de producción y, por lo tanto, podían comprar grandes cantidades de petróleo barato. Su precio era relativamente bajo como consecuencia de los controles. En cambio, en el noreste de EU, casi todo el petróleo se importaba, por lo que el precio de la gasolina era bastante alto. Primer consecuencia del control de precios: gasolinerías vacías en el noreste y grandes colas en las gasolinerías del sur de EU. Segunda consecuencia: Surgieron transferencias incontroladas de gasolina de las zonas de precio bajo a las zonas de precio alto (si usted fuera gasolinero, amigo lector, la racionalidad económica le obligaría a vender en la zona en donde se paga mejor; hoy en México, como en EU en esa época, le dirían especulador abusivo). El resultado final: la intervención del gobierno para poner en orden a las trasferencias incontroladas de gasolina sólo provocó escasez generalizada (en todo EU) de gasolina, y las molestias para los usuarios fueron mayores, pues aparecieron mercados negros en donde se ofertaba gasolina muy cara. Los economistas de la época advirtieron sobre las consecuencias del control de precios, pero los políticos de aquellos tiempos hicieron caso omiso. Después de la presión política de las refinerías, el gobierno decidió abandonar el control de precios y establecer un programa de subsidios a las refinerías que consistía en que por cada barril importado que adquirían las refinerías, se les otorgaba un cupón para comprar petróleo nacional barato. El resultado: la gasolina se abarató un poco, pero las importaciones se dispararon, pues el gobierno americano, sin proponérselo, estaba subvencionando al petróleo extranjero. Al final la medida también provocó que la producción nacional cayera, con lo que la dependencia del petróleo extranjero creció. Finalmente, el gobierno norteamericano también terminó abandonando este programa y lo sustituyó por impuestos sobre los beneficios extraordinarios de los productores nacionales, lo que al final volvió a encarecer la gasolina. Cuánto tiempo (y costos por supuesto) se habrían ahorrado si hubieran liberalizado el precio de la gasolina desde un primer momento.

 

La historia anterior es un ejemplo de cuando el gobierno no permite que el mecanismo de precios funcione adecuadamente. Paradójicamente, con cada medida de control del gobierno, sólo empeoraba la dependencia de EU al petróleo caro importado.

 

Dos funciones del mecanismo de precios son el proveer de información a los agentes económicos, así como de incentivos para sustituir métodos de producción caros por otros más baratos. Esta tarea esencial de los precios se le olvida con frecuencia a los gobiernos. La disminución de la importación de petróleo caro sólo ocurrió en EU cuando se dejó que el precio de la gasolina reflejara los verdaderos costos de producirla. El dejar que prevaleciera un precio más alto de la gasolina, provocó, por una lado, que los consumidores tomaran medidas de ahorro del combustible tales como usar menos el automóvil (con lo cual la demanda de autos cayó también). Por otro lado, el alto precio también incentivó a los fabricantes de autos a diseñar autos más pequeños y ahorradores de gasolina. Asimismo, los precios altos incentivaron que se buscara petróleo en Alaska. En Europa ocurrió algo similar, el precio alto de la gasolina incentivó a usar autos muy económicos en uso de gasolina y hacer descubrimientos en el Mar del Norte. Al final, el mejor antídoto contra la manipulación de precios de la OPEP fue dejar que el mecanismo de precios funcionara, pues ello contribuyó a que la demanda por petróleo caro cayera y por otro lado, incentivó el mejoramiento de técnicas de producción más eficientes, así como el descubrimiento de nuevos yacimientos, acontecimientos que, en conjunto, llevaron a que el precio del petróleo cayera nuevamente (le tumbaron el teatrito a la OPEP). El control de precios y los subsidios sólo causaron lo contrario (sin querer, el gobierno norteamericano con su intervención sólo provocó que EU incrementara sus importaciones de petróleo caro) y los beneficiarios fueron algunos intermediarios y, por supuesto, la OPEP.

 

A los gobiernos se les olvida que la única manera de que los precios bajen en un mercado es, ó bien aumentando la oferta, ó bien reduciendo la demanda del bien encarecido. Sólo eso es la solución. Los controles de precios y subsidios sólo agravan la situación y, en el peor de los casos, sólo benefician a unos cuantos de la cadena productiva del bien encarecido.

 

La crisis de los años setenta y el encarecimiento del petróleo en los últimos años han sido toda una lección para los políticos gringos. Desde hace algún tiempo, EU decidió reducir paulatinamente su dependencia por petróleo, y una medida ha sido el incentivar la producción de combustibles alternos (de origen orgánico y no fósil) como el Etanol. Esta medida ha provocado un encarecimiento del maíz amarillo (base para producir el etanol). Dado este encarecimiento, los demandantes de este tipo de maíz se han pasado a demandar a su bien sustituto, el maíz blanco, lo que también ha propiciado el encarecimiento de éste. Vaya, ya estas medidas están derrumbando el precio del petróleo (a ver qué dicen ahora los políticos mexicanos y sus cuentas alegres) y por supuesto, elevando el precio del maíz en general. En una década empezaremos a ver una nueva revolución energética apoyada en la llamada biomasa ó combustibles de origen biológico. Y pensar que en México los legisladores siguen manteniendo, sin explicación alguna, congelada la ley que permita la producción de etanol.

 

El encarecimiento del maíz amarillo ha provocado que en México el maíz blanco se encarezca (y por lo mismo, también la tortilla que se produce en base a maíz blanco), pues por un lado, hay menos disponibilidad de las importaciones del mismo, y por otro, los productores de productos derivados de animales como la carne (blanca y roja), leche y huevos han visto también encarecer la alimentación de sus ganados, pues es a base de maíz.

 

Si los políticos mexicanos quieren hacer frente al alza, lo que deben hacer es dejar que el mecanismo de precios funcione. Los subsidios y los controles de precios definitivamente no funcionan. Y por Dios, los mexicanos no se morirán si enfrentan precios más altos en estos productos. Como diría un amigo nutriólogo, al mexicano le vendría bien reducir su consumo de estos alimentos de origen animal, sobre todo las carnes rojas que contienen grasas saturadas (y de consumir exceso de tortilla que sólo engorda) y consumir más verduras y frutas así como carne de pescado. Somos el segundo lugar mundial en diabetes y uno de los primeros en obesidad. Sin querer, la actual “crisis” podría ser una oportunidad para que los mexicanos mejoren su alimentación. El mejor antídoto contra el alza de precios en cualquier mercado es dejar que los precios se muevan libremente, pues ello obliga a los productores a enfrentarse a la elasticidad de la demanda de sus clientes; es hora de que los consumidores también demostremos que somos una parte integral del mercado. Recuerde amigo lector, si se encarece, no lo compre y/o busque sustitutos.

 

Dejar funcionar libremente al mecanismo de precios, abrir de una vez todo el comercio de granos (ocurrirá a fuerza en el 2008 por la firma del TLC), eliminar todo tipo de subsidios a los productores nacionales (los subsidios sólo benefician a los productores ricos de Sinaloa), así como eliminar las barreras a la producción de transgénicos (en donde no hay una sola prueba científica seria de que dañen al ser humano), es lo único que hará menos costoso para los consumidores toda esta situación de alzas. Los controles, subsidios y prohibiciones sólo fomentan mercados negros, y, paradójicamente, sólo benefician a intermediarios y productores de los productos encarecidos. Ojalá se ponga las pilas el gabinete económico del Presidente Calderón.

• Tortilla • Control de precios

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