Nostalgia del porvenir
Ene 17, 2007
Fernando Amerlinck

El aquelarre de los tiranos

El socialismo es prescripción ideal para lavar la cara y manos de los tiranos. La mejor coartada para purificar su desbocada corrupción.

Quién sabe quién los críe, pero qué bien se juntan. En Nicaragua y Ecuador, en Bolivia como en Cuba, bajo un nuevo eje: Venezuela. Fidel ha muerto; ¡viva Hugo! El rey convoca a sus vasallos (¡perdón!: a sus virreyes), no a una época de cambio sino, como dice el lucífero presidente ecuatoriano, a un cambio de época. Pongámonos de pie.

 

Rechinando de limpios toman posesión los nuevos virreyes latinoamericanos bajo el manto protector de su führer; se pliegan gustosos a la voluntad del soberano y ante él se prosternan: ¡Doblamos la cerviz, Alteza Serenísima! ¡Loor a ti, redentor y prócer del petróleo! ¡Salve, Ilustrísima Majestad bolivariana!

 

Acuden a los aquelarres los tiranos triunfantes: Daniel Ortega, prohombre de la escasez total en Nicaragua, aderezada con galáctica inflación (33,000%). Evo Morales, según quien en Cuba hay democracia y se pelea con el reportero que le pregunte por qué. Rafael Correa, proclamando con voz de bronce: “Como un milagro se han derrumbado los gobiernos serviles, las democracias de plastilina, el modelo neoliberal, y ha empezado a surgir la América Latina altiva, libre, soberana, justa y socialista del siglo XXI”. Hugo Chávez, que para qué lo cito. Hasta uno que a base de tanto mérito reciente, merece ser latinoamericano honorario, el iraní Mahmoud Ahmadinejad, quien ofrece apoyo a quien se oponga al imperialismo. Pongámonos de pie otra vez.

 

También llegó a Nicaragua y Ecuador uno que perdió la presidencia de Perú gracias a la segunda vuelta: Ollanta Humala, racista al revés (indigenista inspirado por la insignia nazi de la svástika). No acudió otro perdedor, López Obrador. Ganas no le habrán faltado de departir con sus pares pero ¿cómo? Ni pasaporte tiene.

 

La resurrección de los opresores demostradamente tiránicos, y de la ideología que los acompaña, sólo en Latinoamérica es posible. Acá se olvidan las catástrofes y latrocinios de déspotas como Santa Anna, Perón u Ortega, y se les reclama para volver a salvar a la patria que habían destruido. Han revivido en este subcontinente los cuatro demonios que parecían vencidos tras caer el Muro hace 18 años (Krauze): el militarismo, el marxismo académico, el populismo, y la economía estatizada.

 

El socialismo es prescripción ideal para lavar la cara y manos de los tiranos. La mejor coartada para purificar su desbocada corrupción. La más paladeable fórmula para que los votantes pidan servidumbre voluntaria a los esclavistas. La receta ideal para la tiranía perpetua, bajo el mandato soberano de cualquier reformada constitución. Receta ideal, también, para la africanización y permanente irrelevancia de América Latina.

 

El ajonjolí de todos los males es hoy Hugo Chávez; que es, ¡but of course! bien socialista. De una vez quedémonos de pie.

• Socialismo


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