VIERNES, 19 DE ENERO DE 2007
Siete razones en NZ contra los subsidios agrícolas

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“Nueva Zelanda tiene una larga historia de apoyos y subsidios a los productores agrícolas, llegó un momento, sin embargo, en que los problemas derivados de ese sistema fueron tan evidentes, que los propios “beneficiarios” quedaron convencidos de que el mejor camino era eliminar los subsidios y competir en un terreno parejo de juego.”


De forma coloquial puede decirse que el objetivo del liberalismo –tanto en su vertiente económica como política- es lograr un mundo en el que las canchas de juego tengan el suelo parejo. En México suele decirse “lo que es parejo no es chipotudo” (un chipote es una protuberancia que se forma en la cabeza como resultado de un golpe; una anomalía). Debe ser obligación del Estado garantizar que no haya “chipotes” en el terreno de juego; si hay prácticas monopolísticas, por ejemplo, debe combatirlas. Lo malo es cuando, contra toda lógica, para “emparejar un chipote” generamos otro. Las anomalías NO se combaten con nuevas anomalías. Apurando la metáfora: No podemos “curar” un chipote provocando una encefalitis, una inflamación generalizada de pronóstico fatal.

 

Lo que sorprende a muchos en la historia de cómo Nueva Zelanda desmanteló exitosamente su sistema de subsidios a los productores agropecuarios es que fueron éstos mismos, precisamente, quienes finalmente apoyaron ese proceso. Laura Sayre, del Rodale Institute –una institución global líder en la investigación y promoción de la agricultura regenerativa en el planeta- sintetiza siete razones por las cuales los neozelandeses apoyaron el fin de los subsidios a la producción agropecuaria en su país:

 

1.      Generaban resentimiento entre los propios agricultores, ya que inevitablemente algunos de ellos se sentían menos beneficiados que otros, o inclusive perjudicados por las “ayudas” recibidas por sus competidores y colegas.

 

2.      Generan resentimiento entre los no agricultores que pagaban doble por el sistema de subsidios, primero a través de los impuestos y después por los precios más altos de los alimentos.

 

3.      Alentaban la sobreproducción, lo que generaba desplomes en los precios, lo que incentivaba la demanda de nuevos subsidios –para compensar la baja en los ingresos de los productores– y más sobreproducción; con frecuencia este círculo vicioso desemboca en el absurdo de pagarles a los productores ¡para que ya no produzcan!

 

4.      Se alentaba la sobreexplotación irracional de la tierra –para aprovechar los subsidios- causando deterioro ambiental.

 

5.      Gran parte del dinero de los subsidios beneficiaba más a proveedores y otros sectores relacionados indirectamente con el campo que a los mismos productores (por supuesto, los menos beneficiados eran los consumidores).

 

6.      Se creaban distorsiones adicionales en el mercado –nuevos “chipotes”- como la inflación derivada de la sobrevaluación de algunas tierras sólo en función de que poseerlas permitía acceder a los subsidios.

 

7.      Provocaban incontables incentivos perversos, como dar subsidios adicionales a quienes tenían sus tierras descuidadas (verbigracia, sin linderos claros o sin medidas de conservación) para que las cuidaran, en detrimento de quienes responsablemente habían destinado recursos propios para cuidar y conservar sus tierras.

• Subsidios

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