VIERNES, 19 DE ENERO DE 2007
Friedman y sus políticas públicas

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“El atractivo del impuesto de Friedman se sustenta, como buena parte de sus iniciativas, en su convicción que las personas reaccionan ante los incentivos que enfrentan y que adoptan las necesarias estrategias para defender sus intereses.”


Uno de mis estimables lectores me pregunta, con referencia a mi Aquelarre Económico de ayer en el que citaba la influencia que tuvo el trabajo de mi querido maestro, el recién fallecido Milton Friedman, cuáles de las políticas públicas que él propuso en su carrera profesional fueron trascendentes.

 

En mi texto me referí al impuesto de tasa única que inspiró al líder de Estonia a adoptarlo. Friedman propuso una tasa única de 20% en los Estados Unidos a principio de los años sesenta, con objeto de remplazar al sistema de impuestos al ingreso vigente que entonces llegaba a tasas marginales superiores al 90%.

 

El análisis teórico que se realizó sobre tasas impositivas óptimas después de la propuesta original de Friedman, llegó a la conclusión que un gravamen parejo sería deseable al permitir una mayor eficiencia económica y recaudatoria, con la posibilidad de mejorar la distribución del ingreso, sobre todo al combinarse con otra de sus propuestas, la de adoptar un impuesto negativo al ingreso, es decir transferencias del gobierno, para los más pobres.

 

El atractivo del impuesto de Friedman se sustenta, como buena parte de sus iniciativas, en su convicción que las personas reaccionan ante los incentivos que enfrentan y que adoptan las necesarias estrategias para defender sus intereses.

 

En el caso que nos ocupa, argüía que tasas impositivas de alta progresividad inducían a los causantes a encontrar y explotar resquicios en las disposiciones tributarias para omitir, legal o ilícitamente, el pago de impuestos al ocultar sus ingresos o convertirlos en retribuciones exentas como las prestaciones.

 

Las ideas de Friedman en los distintos ámbitos de la actividad humana en los que trabajó, se sustentan en dos principios esenciales:

 

·         Los individuos conocen mejor que los burócratas o los intelectuales qué les conviene más y cómo alcanzarlo.

 

·         Una intensa competencia entre oferentes de bienes y servicios, incluidos quiénes proponen ideas y buscan cargos políticos, es la mejor forma de satisfacer los intereses sociales e individuales, particularmente los de los pobres.

 

Quizá una de las propuestas prácticas más importantes de Friedman haya sido la de sus vales educativos. La idea es que los padres de familia puedan seleccionar libremente la escuela a la que desean enviar a sus hijos y que la pagarían con los vales que para tal propósito les daría el gobierno.

 

En esta propuesta quedan de manifiesto los dos principios enunciados: los padres de familia conocen mejor que los burócratas educativos o el sindicato de maestros los intereses de sus hijos, y la competencia entre escuelas es el mejor medio para elevar su calidad y servir los intereses de los educandos.

 

Con los vales educativos hubo otra visión de la mayor importancia: la conveniencia de separar el financiamiento público de la educación, que él apoyaba, de la administración gubernamental de las escuelas, pues el sistema de vales propuesto fuerza a los planteles educativos, tanto públicos como privados, a competir por sus clientes.

 

Los vales educativos usados en todos los niveles del sistema obligarían a mejorar el nivel pedagógico y permitirían a muchos padres de familia ahorrase un gasto elevado, pues hoy en día pagan impuestos que financian la educación pública pero mandan a sus hijos a escuelas y universidades privadas.

 

Desde el punto de vista de justicia, los vales educativos le permitirían a los estudiantes más pobres acceder en igualdad de circunstancias con los demás, a las mejores escuelas del sistema, y obligarían a usar racionalmente los recursos públicos que se dedican a la educación pública de los ciudadanos.

 

El lunes seguiré enumerando las políticas públicas propuestas por Milton Friedman que, a mi juicio, lo hacen el economista más influyente del siglo XX.

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