LUNES, 22 DE ENERO DE 2007
Friedman y sus políticas públicas II

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Friedman entendía perfectamente que el papel de un intelectual como él no era el de cambiar al mundo en forma directa.”


Inicié el viernes la revisión de las políticas públicas revolucionarias concebidas por Milton Friedman empezando por el impuesto sobre la renta con tasa única y reducida, complementado por un impuesto negativo al ingreso, y los vales educativos para que los padres de familia escojan la escuela de su preferencia.

 

Los principios rectores tras las propuestas de Friedman son los de confiar en el buen juicio de las personas para elegir lo que más les conviene, y las enormes ventajas que conlleva promover una activa competencia en la oferta de productos, servicios e ideas para mejor satisfacer los deseos de la sociedad.

 

Friedman entendía perfectamente que el papel de un intelectual como él no era el de cambiar al mundo en forma directa sino “…el de mantener las opciones vivas hasta que las circunstancias hicieran el cambio posible…porque hay una enorme tiranía del status quo…y sólo una crisis –ya iniciada o por ocurrir- genera cambios reales. Cuando esa crisis sucede, las acciones que se adopten para enfrentarla dependerán de las ideas que se encuentren vigentes.”

 

Además de las ya aludidas, Friedman discurrió privatizar el sistema de seguridad social bajo el concepto que se puede confiar en que la gran mayoría de las familias harán los arreglos necesarios para financiar su jubilación al tener los incentivos correctos, y si pueden invertir sus ahorros libremente en empresas privadas en competencia.

 

Paradójicamente, esta idea de Friedman que se ha adoptado parcial o totalmente con éxito en Chile, Inglaterra y México, no ha progresado en Estados Unidos a pesar (¿o quizá por ello?) que George W. Bush hizo de esta propuesta la prioridad para su segundo período presidencial.

 

Nuestro sistema original de ahorro para el retiro, maladministrado por el IMSS, se convirtió en un mecanismo para esquilmar en forma sistemática a los “derechohabientes” al fijarse los beneficios sin ajustes por inflación, lo que dejaba pensiones ridículas al llegar la jubilación. ¡Benditas Afores!

 

Otra aportación práctica de la mayor importancia fue la de abolir el sistema de paridades fijas instituido al término de la Segunda Guerra Mundial, y adoptar tipos de cambio flotantes determinados libremente por la oferta y la demanda por las monedas emitadas por distintos países.

 

La opinión prevaleciente en los años cincuenta, cuando Friedman hizo su propuesta, era que tal sistema sería terriblemente inestable. Finalmente, Estados Unidos se vio obligado a desvincular el dólar del oro en 1973, lo que  terminó con la era de paridades fijas.

 

Los tipos de cambio flotantes de las principales monedas, junto con un eficiente mercado de futuros en la Lonja Mercantil de Chicago que Friedman también ayudó a establecer, resultaron en un sistema mucho más estable que el de paridades fijas con sus recurrentes crisis cambiarias.

 

Después de las hecatombes cambiarias de 1976, 1982, 1987 y 1994 cuyo común denominador fue tener una paridad constante o semifija, nuestro país finalmente adoptó también la propuesta friedmaniana. Ello ha sido, sin duda, uno de los ingredientes esenciales de la última década de creciente estabilidad y ausencia de crisis financieras que ha disfrutado México.

 

Pero quizá la contribución práctica más importante de las muchas de Milton Friedman, haya sido el vínculo causal que él percibió entre la libertad económica y la libertad política, y que la segunda no se puede dar sin la primera:

 

“El tipo de organización de la economía que genera directamente la libertad económica –la economía competitiva capitalista de mercado- también promueve la libertad política pues separa el poder económico del poder político, lo que permite que ambos se neutralicen mutuamente.”

 

Mañana seguiré analizando las aportaciones prácticas de Friedman en temas como los controles de precios, tan de moda en México por la crisis de las tortillas.

• Liberalismo

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