MIÉRCOLES, 24 DE ENERO DE 2007
La guerra perdida

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“El presidente Calderón debe saber que al igual que sus antecesores y todos los gobiernos de Estados Unidos desde que se inició la guerra contra las drogas hace más de cuatro décadas, esta fase también la perderán.”


El presidente Felipe Calderón se ha puesto a trabajar para restablecer el estado de derecho ausente en nuestro país por años de negligencia del gobierno en cumplir y hacer cumplir las leyes, lo que merece el aplauso sin reservas de una sociedad ofendida y amedrentada por la inseguridad pública.

 

La manifestación más tangible de esta campaña ha sido reforzar notablemente la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado con acciones coordinadas de las fuerzas armadas y policiales y ahora con la extradición a Estados Unidos de sus principales capos.

 

El presidente Calderón debe saber, sin embargo, que al igual que sus antecesores y todos los gobiernos de Estados Unidos desde que se inició la guerra contra las drogas hace más de cuatro décadas, esta fase también la perderán.

 

La razón, como lo explica mi querido maestro Gary Becker, Premio Nobel de economía 1992, “no radica en la falta de esfuerzo sino más bien en la naturaleza básica de la demanda por drogas y los efectos que tiene tratar de reducir su consumo castigando a quienes participan en su comercialización.”

 

La guerra contra las drogas se libra intentando aprehender a productores y distribuidores, castigándolos severamente una vez conseguida su condena, lo que eleva el precio que ellos exigen para su mercancía por los altos riesgos que afrontan.

 

Como en todo producto o servicio, su mayor precio desalienta el consumo de drogas. Mientras más intensa es la guerra contra el narcotráfico y mayores son los castigos esperados, más elevado será su precio callejero y menor su nivel de consumo.

 

A la mayoría de los oferentes de drogas que son capturados les va mal, como se pudo apreciar en las imágenes de los extraditados recientes, pero quienes consiguen evadir el brazo de la ley, casi siempre mediante mordidas y otras corruptelas, obtienen pingües ganancias por los altos precios.

 

El combate contra las drogas sería más efectivo si cada aumento de 10% en su precio resultara en una caída mayor en el consumo –es decir, que tuviera una demanda elástica como se dice en la jerigonza económica- pero la evidencia de más de una docena de estudio citada por Becker, indica que la demanda por drogas tiene una baja elasticidad, de sólo 0.5.

 

Ello implica que conforme se eleva el precio de la droga el gasto realizado para comprarla también crece, aunque en menor proporción. Si el precio hoy está 200% por encima del que sería su nivel de equilibrio de no haberse dado la guerra contra el narcotráfico, el gasto total en comprar drogas se ha duplicado.

 

Un estudio realizado por el profesor Becker y otros autores estima que el costo directo de esta guerra en Estados Unidos es de alrededor de 100 mil millones de dólares anuales, el 15% del PIB de nuestro país, y no incluye otros costos intangibles pero muy elevados como el deterioro de los barrios dónde se venden las drogas, la corrupción del sistema judicial, etc.

 

El estudio citado sugiere que una forma mucho más efectiva de combatir el consumo de drogas sería mediante su legalización, combinada con un elevado impuesto a su venta. Si dicho impuesto fuera de 200%, el precio final de la droga y su consumo serían comparables a los que se dan hoy en día.

 

Pero allí terminan los símiles. Los impuestos serían recibidos por el gobierno en lugar de desperdiciarse en una guerra inganable, se acabarían los soldados y policías muertos, la secuela de corrupción, el hacinamiento en las cárceles, y se podrían usar cuantiosos recursos en educar a la población sobre los peligros de consumir drogas.

 

Lamentablemente, tan sensata política no se adoptará en Estados Unidos. Mañana discutiré qué puede hacer México en tales circunstancias.

• Drogas

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