Ideas al vuelo
Ene 24, 2007
Ricardo Medina

Acerca del encarecido sentido común

Por dos razones el sentido común es caro: Porque es valioso en sí mismo y porque cada día parece más escaso. Tal vez podremos recuperarlo si buscamos cuáles son los principios básicos de lo que un gran teólogo del siglo XX llamó “la filosofía rudimentaria del ser”.

Cada vez que calificamos algo de “absurdo” apelamos, aún sin saberlo explícitamente, al sentido común. Algo se nos revela como absurdo porque violenta uno o varios de los primeros principios que adquirimos –así sea rudimentariamente y en forma por demás implícita- desde nuestra primera percepción de la realidad; desde que sabemos que “algo es”.

 

¿Cuáles son esos primeros principios –fundadores de la inteligibilidad del mundo- que forjan el sentido común? Sigo, en forma esquemática, la excelente exposición que hizo Reginald Garrigou-Lagrange (1877-1964) –ver http://en.wikipedia.org/wiki/Reginald_Garrigou-Lagrange- en un libro publicado originalmente en 1909 (Le sens commun) y que, a pesar de haber surgido como refutación incidental al modernismo en la teología católica, es todo un tratado, breve, de los fundamentos de la filosofía del ser.

 

Tales primeros principios del sentido común son: 1. Todo ser es idéntico a sí mismo, 2. Nada puede ser y no ser a la vez y bajo el mismo aspecto, 3. Lo que es, es uno y el mismo aun bajo sus modos de ser múltiples y transitorios; lo que significa que la inteligibilidad de cualquier ser (ente) radica en su sustancia, 4. Todo lo que es tiene su razón de ser, ya sea en sí mismo o en otro; por ello siempre preguntamos ¿por qué?, 5. Dado que de la nada, nada se hace, es preciso que todo ser tenga una causa eficiente y final; por ello preguntamos ¿de dónde?, y ¿para qué?, 6. Nada cambia si no tiene la potencia –capacidad o disposición- para hacerlo; de donde se derivan las nociones de potencia y acto, 7. La verdad –la adecuación del conocimiento al ser- subyuga a la voluntad y de ahí el primer principio de la razón práctica o moral: Ser bueno consiste en adecuar el comportamiento a la verdad; ser bueno equivale a ser feliz.

 

Entiendo que esta irrupción de la filosofía, en este espacio, puede parecer impertinente. Pero tengo para mí que la mayoría de las confusiones intelectuales de nuestro tiempo –y sus terribles consecuencias prácticas en la vida cotidiana de millones de personas- provienen de que se han abandonado paulatinamente estos principios del sentido común, trocándolos por un amasijo de prejuicios y emociones primarias que podríamos llamar “sabiduría convencional o al uso”. Tal abandono del sentido común, para sustituirlo, sin el menor análisis crítico, por los dictados de la moda impuesta por el ambiente, puebla nuestras opiniones y actos de absurdos (efectos sin causa, ininteligibilidad del mundo, disonancias entre dichos y hechos, negación de lo evidente, supersticiones de todo tipo, prejuicios que se venden falsamente como “ciencia”), que lo mismo son causa de pobreza que de tiranías. De infelicidad, en suma.

• Filosofía


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