MIÉRCOLES, 31 DE ENERO DE 2007
Los herederos fallidos de Willy Münzenberg

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Ricardo Medina







“De vez en cuando alguien no muy listo presume de “genio” de la mercadotecnia política, sin darse cuenta que los trucos propagandísticos de los que se vanagloria no son sino una torpe versión de lo que el verdadero genio de la propaganda totalitaria, Willy Münzenberg, desarrolló con eficacia diabólica.”


Algún personaje olvidable, presunto consultor político mexicano, presumía hace poco de su contribución a la victoria electoral de Rafael Correa como Presidente de Ecuador, en las elecciones celebradas el 26 de noviembre pasado. Correa tomó posesión el 15 de enero de 2007 y es previsible que su mandato –sustentado en el más gastado populismo dizque de izquierda-  agravará la pobreza y el encono social en ese país.

 

La presunción de este consultor, vertida en un pequeño artículo periodístico, tiene algo de tragedia cómica: Describe, como si fuesen hallazgos insólitos de la ciencia política, dos o tres viejos y sucios trucos de la propaganda totalitaria consistentes en engañar al público, para hacerle creer que al votar por la peor de las opciones estará comprando un pase gratis al paraíso terrenal.

 

Nada nuevo. Lo insólito es que alguien presuma en las páginas de un periódico de exportar estas “habilidades” para el engaño, suponiendo que los lectores somos tan ruines como para entusiasmarnos por el hecho de que un “ilustre” mexicano contribuya a la desdicha de otros países latinoamericanos. En algo tienen que ganarse la vida ciertos sujetos, pero normalmente si realizan una labor repugnante no suelen hacer presunción pública de ella.

 

Quien desconoce la historia no sólo se arriesga a repetirla (con caracteres grotescos, apuntaría Marx), sino que suele envanecerse por descubrir el agua tibia. Por ejemplo, nuestro personaje “descubre” que fue una gran ventaja en la contienda electoral “poner a la defensiva” al adversario. ¡Valiente hallazgo!, ya Arthur Koestler en 1954 (ver “La Escritura Invisible” volumen 2 de la Autobiografía de Koestler 1932-1940, editorial Debate, 2000) escribió refiriéndose a la guerra de propaganda entre comunistas y nazis con motivo del incendio del Reichstag: “Y así terminó la homérica batalla de la gallina ciega empeñada entre dos gigantes. Ella me enseñó que en el campo de la propaganda las verdades a medias son armas superiores a la verdad misma y que estar a la defensiva equivale a ser derrotado”.

 

“Y ella me enseñó, sobre todo, que en ese campo una democracia tiene siempre que hallarse siempre en inferioridad de condiciones frente a un adversario totalitario”.

 

Al menos estos imitadores baratos de Willy Münzerberg harían bien en conocer la historia de su ignorado maestro en el arte de mentir a las multitudes y de engañar con todo, hasta con la verdad. Por si alguna vez desean cultivarse, algunas pistas: “El fin de la inocencia” de Stephen Koch, editorial Tusquets, 1997 (título original: Stalin, Münzenberg y la seducción de los intelectuales”) y del mismo autor pueden encontrar en Internet: Lying for the truth. Münzenberg and the Comitern.

• Populismo

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