MIÉRCOLES, 31 DE ENERO DE 2007
Chávez y Venezuela

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“Para quienes seguimos el desempeño de la economía venezolana resulta evidente que las estrategias económicas de quien pretende definir un nuevo paradigma para el “socialismo del siglo XXI” llevarán irremediablemente al desastre a ese país, pero no de inmediato.”


Reza el dicho popular que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen lo que, a mi juicio, representa una sentencia demasiado severa para los sufridos venezolanos, pero el hecho es que a finales del año pasado la abrumadora mayoría de ellos votó por reelegir a Hugo Chávez.

 

¿Cómo explicar este fenómeno? Para quienes seguimos el desempeño de la economía venezolana resulta evidente que las estrategias económicas de quien pretende definir un nuevo paradigma para el “socialismo del siglo XXI” llevarán irremediablemente al desastre a ese país, pero no de inmediato.

 

Ello se debe al aumento del precio del petróleo que le permitió a Chávez gastar a manos llenas para mantener contentas a sus bases de apoyo popular y en proyectos internacionales que a pesar de ser cuestionables negocios para su país, han realzado el perfil político del caudillo.

 

El constante incremento en el precio del petróleo hasta finales del año pasado le permitió a Chávez sostener un crecimiento económico acelerado, que en los últimos tres años representó un aumento del PIB cercano al 50%, e hizo posible ampliar el gasto social y revertir el aumento de la pobreza.

 

Esto fue agradecido por el electorado en las urnas, pero de lo que la gente no se ha percatado es que con la caída reciente en el precio del petróleo el escenario ficticio que logró Chávez sufrirá un colapso, por las siguientes razones:

 

·         El aumento del PIB de los últimos tres años es en buena medida el simple rebote del derrumbe que sufrió la economía en los años previos a resultas de la ruinosa huelga de los trabajadores de la industria petrolera.

 

·         El gobierno logró mantener una relativa estabilidad mediante controles estrictos de precios y del tipo de cambio, a pesar de lo cual la inflación del año pasado superó 17%. Pero esta situación ya no es sostenible, lo que resulta evidente al observar que la cotización del bolívar en el mercado negro es de casi el doble del nivel del tipo de cambio oficial.

 

·         Con una cotización inferior a los 50 dólares por barril, en los que está hoy la mezcla venezolana de petróleo, el gobierno tendrá que recurrir a otras fuentes de ingresos para no recortar su gasto, como aumentar el precio de la gasolina que vende domésticamente entre 3 y 4.5 centavos de dólar por litro, según el octanaje. Esta medida, que será profundamente impopular, ya la anunció Chávez el fin de semana.

 

·         Se ha exacerbado la fuga de capitales ante el anuncio de los planes del gobierno de estatizar nuevos sectores de la economía que aún estaban en el sector privado y de las acciones para radicalizar el modelo socialista y suprimir las libertades de expresión.

 

·         De generalizarse la percepción de que pronto habrá un ajuste en el tipo de cambio oficial, que por fuerza afectaría a la paridad paralela, crecerá aún más la demanda por divisas.

 

·         La situación del sistema financiero se está tornando crítica a pesar de su buen desempeño del año pasado, debido a las distorsiones que resultan de la canalización obligatoria del crédito, los topes a las tasas de interés y a las comisiones por servicios. Todo ello resulta en la creciente vulnerabilidad del sector bancario y en un mayor riesgo sistémico.

 

De que la economía venezolana va al precipicio, no hay duda. Una interrogante es si lo hará como la economía mexicana en 1982 o como la chilena en 1973. Dado que el caudillo no piensa dejar el poder, me temo que los venezolanos tendrán que sufrir un golpe de estado –que no es probable dado su férreo control del ejército- o una guerra civil. La otra pregunta es cuándo.

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