MIÉRCOLES, 31 DE ENERO DE 2007
Las caricaturas se quedan cortas

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
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Antonio Escohotado


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“Acabemos con esta estirpe que nos mantiene hundidos en la mediocridad, no podemos seguirle pagando el sueldo a personajes que hacen que las caricaturas se queden cortas.”


Dentro de caricaturas como Los Simpson o el simpático Ásterix se critica a la burocracia con todo y su exceso de papelería y displicencia propia de los servidores públicos (las hermanas de Marge Simpson presumen que hay días en los que no dejan avanzar la cola en la oficina que expide las licencias de conducir y el simpático galo tiene su más dura prueba de las doce que enfrenta en una de sus películas cuando tiene que conseguir una forma dentro de un edificio atestado de burócratas que vuelven loco a cualquiera). Creo que una vez más la realidad supera a la ficción, estos ejemplos palidecen frente a la burocracia mexicana.

 

¿Han intentado un cambio en el nombre del contrato (y por ende del recibo) de luz en la compañía Luz y Fuerza del Centro?, ¡qué barbaridad!, antes de llegar me topé con un hombre comprando cómodamente empanadas en un puesto junto a las oficinas de la empresa, no me sorprendí mucho cuando este mismo individuo tomó su lugar 20 minutos después al lado del único servidor que se encargaba de realizar estos trámites hasta ese momento. No hay nada nuevo, parecen viejos estereotipos: visten como se les antoja, mascan chicle, terminan con un cliente y tardan 10 minutos en atender al siguiente, suben escaleras quién sabe para qué pero lo hacen cada 5 minutos y 45 minutos antes de que se cierren las puertas pasan un papelito al último de la fila (por cierto, es cosa de memoria, “yo voy atrás de ti y tú después de mí” si lo olvidas puedes perder tu lugar, no hay nadie vigilando esto), si llegas después de que ha sido entregado ya no serás atendido, no importando que falten tres cuartos de hora para que se cumpla el horario de cierre, y eso sí, media hora antes de que llegue el momento tan esperado de cerrar uno de los hombres que atienden se levanta y se va ¡dejando a la mitad del trámite a una familia!, se la encargó al compañero que estaba ocupado, sí, ¡a la mitad del trámite!, parecía que se esforzaban por actuar como en los peores chistes acerca de ellos.

 

Debo de aceptar que el momento cumbre (en el cuál no pude contener la risa), fue cuando uno de estos dos burócratas le encargó al policía unas copias y quién sabe qué más y ahí va bien contento el poli, faltaba más, si para eso están ¿no?

 

Y eso que no hablo de las instalaciones, iguales a hace 40 años que abrieron esas oficinas, nada nuevo, lo más moderno son las computadoras y por increíble que parezca todavía hay formas que deben de ser llenadas ¡a máquina de escribir!, y la máquina de escribir que tienen vaya que no es ni siquiera de los últimos modelos que se produjeron. Los archiveros son viejos y guardan cualquier cantidad de papeles en ellos, ¿indispensables?, vaya usted a saber, pero tienen muchos.

 

Nota al margen: ¿Alguien podría sorprenderse de que afuera de las instalaciones el policía “de tránsito” no quite ni uno de los automóviles que bloquean el primer carril de la Calzada de Tlalpan y mire con toda tranquilidad la camioneta que ofrece en ese mismo carril, piratería?

 

¿No se puede hacer nada?, difícilmente, la gente que estaba ahí estaba desesperada, muchas, muchísimas quejas, ninguna prosperó por supuesto, pero ahí estamos pagando el sueldo de unos por demás ineficientes empleados, aunque cabe preguntar: esta gente que se queja, ¿qué dirá cuando se discute la privatización de esta empresa?, creo que ya no serán todas las manos levantadas en contra de ella.

 

¿No se puede hacer que estos trabajadores sean más eficientes?, Banamex tiene un esquema de incentivos para los cajeros de los bancos (que tampoco tienen el mejor servicio pero están muy lejos de poder ser comparados con estos simpáticos personajes burocráticos), en el que dependiendo de la velocidad con que atiendan a los clientes recibirán un bono, la idea funciona, el que quiere más dinero trabaja más y el que está a gusto con su sueldo pues es más lento, ¿funcionaría un esquema de este tipo en las oficinas gubernamentales?, sin duda, pero: ¿quién lo propondrá a cambio de enfrentarse con un sindicato que te hará pedazos llamándote, por lo menos “explotador” y “capitalista salvaje” que sólo buscas la plusvalía?

 

Es hora de entender que depende de todos y cada uno de nosotros el que como sociedad demos un salto que es a todas luces necesario, y ¿cómo lo conseguiremos?, pues trabajando cada uno en lo que le conviene, he ahí la clave, el burócrata lo hace, si no es sometido a un esquema de premio–castigo, nunca cambiará la forma de comportarse, ¿para qué se esfuerza?, las personas a las que atiende pagan su sueldo ¿y?, si no les gusta pues no les hago el servicio, total ¿con quién van a ir?

 

No debemos olvidar que es hora de tomar decisiones, no podemos quedarnos “nadando de muertito”, como diría el profesor Arturo Damm, es hora de corregir el rumbo y esto empieza por finalizar con conductas tan nefastas en los servidores públicos que no entienden cuál es su labor.

 

Acabemos con esta estirpe que nos mantiene hundidos en la mediocridad, no podemos seguirle pagando el sueldo a personajes que hacen que las caricaturas se queden cortas cuando quieren representarlos y criticarlos.

• Burocracia

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