VIERNES, 2 DE FEBRERO DE 2007
Venezuela: El monarca intocable

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Ricardo Medina







“Ahora resulta que la soberanía de Venezuela radica en que la figura de Hugo Chávez debe ser inmarcesible. Tan fanatizados están los funcionarios al servicio de este nuevo monarca absoluto que sueñan con aplicar extraterritorialmente sus totalitarias leyes de censura.”


El caricaturista Paco Calderón dibujó a Hugo Chávez Frías como un simio disgustado, de espaldas, mostrando un prominente nalgatorio, dispuesto a devorarse a un gusanito –Radio Caracas Televisión, RCTV- como desquite por el poco afecto que percibe, el simio desde luego, fuera de sus dominios.

 

Con gran diligencia la ministra consejera encargada de negocios del gobierno de Venezuela en México envió una dilatada carta de reclamo al periódico mexicano que osó publicar la caricatura de Paco Calderón. La carta es una joya histórica en más de un sentido.

 

Primero, porque es muestra del terror que parece inspirar a los funcionarios a sueldo del gobierno de Venezuela –o como se llame oficialmente ahora ese sufrido país- la figura del supremo y ampliamente habilitado tirano “democráticamente electo”. El otrora vicepresidente José Vicente Rangel, recientemente arrojado de su puesto por no complacer lo suficiente al soberano, sabrá bien de qué hablo. Terror que nada le pide al que implantó Stalin en la fenecida Unión Soviética.

 

Segundo, porque revela que ha vuelto la época –que se creía superada- de los monarcas absolutos; si bien en versión tropical. Para todo efecto práctico, y más con las malhadadas leyes “habilitadoras” –que le confieren poderes absolutos- Hugo Chávez no sólo es el monarca de Venezuela, él es Venezuela, quien le critica ofende a Venezuela, quien no recoge con él, desparrama. Chávez, nos advierte la nada diplomática funcionaria, encarna a la patria, a la soberanía, al territorio, al Estado, al pueblo.

 

Tercero, porque nos avisa que el fanatismo –inducido por el terror más que espontáneo- de quienes conforman la corte alrededor del nuevo soberano ha llegado al extremo de imaginar que los mamotretos jurídicos con los que Chávez ha implantado la censura en Venezuela deben aplicarse en todo el cosmos y a todo ser humano, tratándose de la figura inmarcesible del tal Hugo.

 

En efecto, la ministro nos avisa –y le recuerda a Paco Calderón- que existen la Ley del Ejercicio del Periodismo, el Código de Ética del Periodista y la Ley de Responsabilidad Social de Medios de Comunicación que impedirían que en Venezuela se publicase una representación irreverente del tal Hugo, y ni siquiera disimula sus fervientes deseos de que dichas leyes se le aplicasen también a los mexicanos en México cada vez que osasen –como el caricaturista- mofarse del soberano absoluto.

 

Tal vez alguien debería recordarle, comedidamente, a la señora encargada de los negocios de Chávez en México que en este país no toleramos que ningún soberano extranjero, por muy amplios y habilitadores que sean sus poderes, o que sus cortesanos –por más encendido que sea su fanatismo- pretendan castigar la libérrima opinión de ningún mexicano. Nada más eso nos faltaba...

• Venezuela

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