LUNES, 5 DE FEBRERO DE 2007
La inflación en las noticias

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“Afirmar que los índices de precios de Banco de México mienten porque “ven la macroeconomía y no el bolsillo de la gente” es un disparate mayúsculo.”


Con el repunte reciente de la inflación atribuible en buena medida a aumentos en alimentos básicos, se han enderezado feroces ataques en algunos medios de comunicación a la veracidad de la medición que hace el Banco de México del aumento en precios.

 

Escuché la semana pasada a mi amigo Joaquín López Dóriga afirmar que el Índice de Precios del banco central se limitaba a la “macroeconomía” y que no medía el incremento en los precios que afectaban el bolsillo de los mexicanos. Aludió a varios disparos en el costo de productos y servicios que, de acuerdo a las mediciones de la empresa Consultores Internacionales (CI), sí reflejaban la dura realidad que sufría el pueblo.

 

Se trata de un antiguo debate que suele agudizarse cuando se presenta un rebote en los precios, sobre todo si se trata de productos como el maíz que, cómo bien señaló ayer el filósofo-gráfico Paco Calderón, en nuestro país es endiosado en forma inverosímil.

 

En los años de inflación intensa, de dos y hasta tres dígitos, de 1973 hasta finales del siglo pasado –con unas cuantas excepciones en los 90- el debate sobre los índices inflacionarios fue intenso. Para desenmascarar el engaño que el sector privado le atribuía al banco central, le encargaron a Julio Millán de CI elaborar un índice confiable.

 

A pesar de sus diferencias en la estructura muestral y en la ponderación que le daban a los productos y servicios ambos índices, su comportamiento resultó notablemente similar. Es decir, el nuevo índice de precios de CI avaló la veracidad del calculado por Banxico.

 

Cuando tuve el privilegio de trabajar en el banco central, una de mis funciones era la de explicar a los representantes de los medios de comunicación los intríngulis de la política monetaria y, por supuesto, la medición de las alzas en precios.

 

Solía decirles a mis amigos periodistas que el aumento en un índice de precios, el que sea, tenderá a mentir al exagerar o subestimar la inflación que cada persona resiente, porque lo que cada quien consume es distinto a la canasta que utiliza el banco central para sus cálculos, que es un promedio.

 

Este promedio se define con la Encuesta de Ingreso-Gasto de los Hogares que elabora el INEGI con técnicas estadísticas avanzadas, lo que hace posible ajustar la ponderación –la proporción del ingreso que se gasta- de cada producto y servicio de la canasta del consumidor.

 

Armados con la lista de los 315 productos y servicios que componen la canasta salen a los mercados y centros comerciales de 46 ciudades del país un crecido número de encuestadores que los adquieren, y registran el precio correspondiente, información que se integra continuamente a una base de datos (para mayor detalle acceder al sitio: http://www.banxico.org.mx/inpc).

 

¿Quiere decir esto que los índices de precios que estima el Banco de México con base en las encuestas del INEGI, son perfectos? Ciertamente no, pues los patrones de consumo se modifican todos los días y resulta imposible que los índices reflejen en sus ponderaciones tales cambios con igual presteza.

 

A un nivel más de fondo, muchos expertos tienen la impresión que los índices actuales en el mundo entero sobrestiman la inflación pues no incorporan constantes mejoras tecnológicas. Por ejemplo, un coche del 2007 con GPS operado por la voz, cuesta básicamente lo mismo que un vehículo mucho más primitivo de hace tan sólo cinco años.

 

Pero afirmar que los índices de precios de Banco de México mienten porque “ven la macroeconomía y no el bolsillo de la gente” es un disparate mayúsculo que alguien del prestigio de López Dóriga no puede decir. Con gusto le ofrezco conseguirle un buen economista o asesorarlo gratuitamente en estos temas.

• Inflación / Política monetaria

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