MIÉRCOLES, 9 DE NOVIEMBRE DE 2005
Caso telefónico

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“Todo comienza con esta sentencia: "Ningún individuo puede proveer servicios de telecomunicaciones a los demás ciudadanos. El Estado será el único proveedor".”


En la columna anterior señalamos que existe una diferencia importante entre el precio que se cobra por un bien o servicio y el costo total para el comprador; que además del precio, el comprador incurre en otros costos, entre los cuales está el costo de estar en largas listas de espera para obtener un servicio. Nuestro caso telefónico es un clásico ejemplo.

 

Todo comienza con esta sentencia: “Ningún individuo puede proveer servicios de telecomunicaciones a los demás ciudadanos. El Estado será el único proveedor.” Con esto, el gobierno forzó una escasez tan grande ─esta escasez sí debería alarmar al Lic. Howell─ que el monopolio podía cobrar (y cobra) precios exorbitantes sin que desaparecieran el exceso de demanda y la larga lista de espera. Muchos habitantes han tenido que esperar tres años o más para obtener una línea telefónica.

 

Costo total. ¿Cuánto le cuesta al individuo el no disponer de una línea telefónica durante 3 años? El monto varía según el individuo. Tomemos el caso de alguien para quien esa espera representa un costo de $5.000 (porque pierde oportunidades de negocio); y supongamos que el ICE cobra $50 por una línea telefónica una vez que la entrega. Para esa persona, el costo total sería de $5.050.

 

Mercado secundario. La diferencia entre el precio de una línea telefónica y el costo total estimula la reventa de líneas, o lo que llamamos un mercado secundario. En ese mercado, la oferta está conformada por las líneas telefónicas que, para sus dueños, tienen un valor inferior al costo total para otros. Por esta razón las venden. Y la demanda está compuesta por todos aquellos para quienes el costo total de no disponer de una línea supera al precio oficial y al valor concedido por sus dueños. Si Juan valora su línea en $100 y le ofrecen $800 (lo que pagué en 1991), la venderá.

 

Si se respeta la libertad del individuo a este nivel, el mercado funcionará, y las líneas telefónicas irán a las manos de los que las valoran más. El efecto de esta transferencia voluntaria es el incremento de la productividad, la producción y el bienestar general. Está claro, no obstante, que la producción y el bienestar general serían mucho mayores si no existiera el monopolio que crea la escasez de líneas telefónicas. Lo único que hace la transferencia es reducir el daño causado por el monopolio; no lo revierte. Hace poco, algún geniecillo prohibió el mercado secundario.

 

Efectos de privatización. En reiteradas ocasiones, hemos escuchado el siguiente argumento: “la apertura (y la privatización, aun más) es nociva para el ciudadano común, porque las tarifas telefónicas se incrementan. Así ocurrió en Mongolandia.” Cuando se dan esos casos, lo que sucede es que los precios suben, pero el costo al consumidor baja. Si se privatiza y el precio de la línea sube de $50 a $100, pero desaparece el tiempo de espera; el costo para el individuo del ejemplo baja de $5.050 a $100. El precio sube, pero el costo baja significativamente. Y esto es lo que importa.


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