Pesos y contrapesos
Feb 12, 2007
Arturo Damm

Acaparadores: ¿Delincuentes?

El acaparamiento se compensa a sí mismo, sin necesidad de que el gobierno intervenga. Es más, la intervención del gobierno resulta, no solamente contraproducente desde el punto de vista de la economía, sino incorrecta desde el punto de vista de la justicia. Cuando se prevé escasez lo correcto es acaparar.

La mayoría de la gente opina sobre temas de economía, siendo que la mayoría de quienes lo hacen no tienen la más remota idea de lo que dicen. Y, sin embargo, opinan, lo cual no deja de ser una irresponsabilidad. Desafortunadamente a muchos de ellos los encontramos en los medios de comunicación, opinando a diestra y siniestra, contribuyendo a que quienes los leen o escuchan se formen una opinión equivocada de la realidad. La responsabilidad de tales comunicadores no es menor, pero el asunto no parece importarles en lo más mínimo. ¡Tanto por su profesionalismo!

 

El hecho es aquello que, desde el punto de vista del sentido común, parece correcto, desde el punto de vista de la ciencia económica (y la economía es eso, una ciencia) puede resultar, en el mejor de los casos, un disparate o, en el peor, un error de política económica, con consecuencias negativas para el bienestar de la gente, ya sea por el aumento en los precios, ya por la reducción en la oferta, ya por la baja en la calidad de los bienes y servicios.

 

Ejemplo de lo anterior lo tenemos en todo lo que se ha dicho y escrito, en las últimas semanas, en torno al aumento en el precio de la tortilla y, lo que es peor, en algunas de las medidas que se han tomado para “solucionar el problema”, desde la imposición de un precio máximo hasta el castigo a los acaparadores. Centro la atención en estos últimos, quienes se han vuelto los villanos de la película.

 

Lo primero que hay que tener claro es que el gobierno debe prohibir, y castigar, las acciones que son delictivas por su propia naturaleza, es decir, aquellas que violan los derechos de las personas: matar (que viola el derecho a la vida), secuestrar (que viola el derecho a la libertad), mutilar y violar (que viola de derecho a la integridad física), robar (que viola el derecho a la propiedad). ¿Qué sucede cuando el gobierno prohíbe y castiga acciones que no son delictivas por su propia naturaleza? Abusa de su poder, violando, o el derecho a la libertad, o el derecho a la propiedad. ¿Y qué mayor contradicción puede haber que un gobierno que termina haciendo aquello que debe prohibir y castigar?

 

El que el gobierno abuse de su poder, y atente contra la libertad y la propiedad de los gobernados, ¿es la regla o la excepción? La respuesta dependerá de qué tan conscientes estemos de lo que el gobierno hace y de cómo lo hace. El hecho es que ese abuso es, no la excepción, sí la regla, y buena muestra de ello es la intención de castigar a quienes acaparen maíz, acaparamiento que, de ninguna manera, es una acción delictiva por su propia naturaleza. En todo caso el acaparamiento, de cualquier mercancía, puede cuestionarse desde el punto de vista ético, pero no debe prohibirse desde la perspectiva legal: no todo lo que es moralmente cuestionable debe ser prohibido y castigado por la ley. Si el gobierno ha de respetar la libertad y la propiedad de los gobernados debe tener muy clara esta diferencia, algo en lo que el gobierno mexicano, comenzando por el Estado y sus leyes, ha mostrado confusión, siendo una buena muestra de ello, insisto, la intención de castigar a quienes acaparen maíz, lo cual supone haber prohibido dicha práctica.

 

¿Qué es el acaparamiento? Según el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia de Española, el acaparamiento consiste en “adquirir y retener cosas propias del comercio en cantidad suficiente, para dar la ley al mercado“ o, dicho de manera más sencilla (ya podrían los académicos redactar mejor sus definiciones), el acaparamiento consiste en reducir la oferta presente de una determinada mercancía, con el fin de inducir la alza en su precio, todo lo cual es verdad, pero no toda la verdad. Falta la segunda parte del proceso, que consiste, una vez que el precio ha subido, y con el fin de aprovecharlo, en aumentar la oferta de la mercancía, ¡lo cual induce la baja en el precio! En la primera parte del proceso de acaparamiento, con el alza de precios, el oferente gana y el consumidor pierde, pero en la segunda, con su baja, la situación cambia: el consumidor gana y el oferente pierde.

 

Llegados a este punto más de un lector puede preguntarse, ¿y si el acaparador no ofrece la cantidad adquirida y retenida? La respuesta es muy sencilla: si no lo hace pierde, por una razón muy sencilla: esa cantidad retenida tuvo que ser previamente adquirida, lo cual al acaparador le supone un costo que recupera, únicamente, al momento de vender la mercancía, para lo cual lo primero que debe hacer es ofrecerla.

 

¿Qué quiere decir lo anterior? Que el proceso de acaparamiento, en sus dos momentos, reducción e incremento de la oferta, en cuanto al movimiento de los precios se trata, se compensa a sí mismo, sin necesidad de que el gobierno intervenga. Es más, la intervención del gobierno resulta, no solamente contraproducente desde el punto de vista de la economía, sino incorrecta desde el punto de vista de la justicia. Me explico.

 

Supongamos que compro una determinada cantidad de alguna mercancía, con el objetivo de no ofrecerla inmediatamente, para así inducir el alza en su precio. ¿Esa mercancía, es o no es de mi propiedad? Y si lo es, ¿puedo o no puedo hacer con ella, con el único límite de respetar el derecho de los demás, lo que quiera, retenerla entre otras cosas? Y hacerlo, ¿es una acción delictiva por su propia naturaleza? La respuesta a las dos primeras preguntas es sí, y a la segunda no. Entonces, ¿por qué el gobierno lo prohíbe y lo castiga?, castigo que puede suponer la confiscación de la mercancía acaparada, lo cual es un robo.

 

Se puede argumentar que lo que el gobierno prohíbe y castiga no es la acción por sí misma, sino su abuso, ateniéndonos a la segunda definición que el mentado diccionario nos brinda, afirmando que acaparar consiste en “adquirir y retener cosas propias del comercio en cantidad superior a la normal, previendo su escasez y encarecimiento”, lo cual, de entrada, plantea la siguiente pregunta: ¿a partir de qué cantidad la retención de una mercancía resulta anormal?, sin pasar por alto el hecho de que, si se prevé escasez, lo correcto (es más: lo prudente) es adquirir y retener, es decir, acaparar.

 

Mucho más se puede escribir sobre el tema, tanto desde el punto de vista de la ciencia económica, como desde la perspectiva de la ética y la justicia, pero basten estos primeros renglones para ir aclarando las cosas, antes de que a los acaparadores se les declare traidores a la patria.



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