MIÉRCOLES, 14 DE MARZO DE 2007
Populismo tanguero

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La imposición de precios “voluntarios” a industriales y comerciantes, el manejo de tipos de cambio diferenciales hechos a la medida para distintos sectores de la economía y la falta de inversión en sus ámbitos clave, auguran que el final de la historia de este neopopulismo será el mismo que el de sus predecentes.”


Junto con Venezuela, el otro caso sudamericano de populismo discutido en Álamos XIV fue el de Argentina, presentado por un actor excepcional de la política de ese país, Ricardo López Murphy (RLM), que fue candidato presidencial en el 2003 y había sido antes ministro de Defensa y Economía.

 

Después de una introducción en la que aludió a los largos años que Argentina sufrió el populismo tradicional, con su retórica hipnótica y la demagogia de redimir “descamisados” de Juan Domingo y Eva Perón, RLM se concentra en analizar el neopopulismo de Néstor Kirchner.

 

La principal diferencia entre ambas categorías en el caso argentino se circunscribe a los equilibrios fiscales y monetarios, que en el viejo populismo se violaban de entrada en un afán febril por resolver los problemas sociales con gasto público financiado de cualquier manera.

 

Este populismo siempre llevó a la hiperinflación y a sucesivas crisis que hicieron mucho más pobres a quienes ya lo eran y erosionaron una amplia clase media, que era sólo comparable en riqueza y proporción de la población total, con la de Estados Unidos a principios del siglo pasado.

 

El neopopulismo lo describe RLM como uno en el que se cuidan los equilibrios macroeconómicos pero se recurre a  violar contratos y a manipular los precios para controlar la inflación, lo que está conduciendo a sembrar graves problemas que se manifestarán como severos obstáculos al crecimiento.

 

En este caso se encuentran los energéticos y otros servicios básicos, que estando sujetos a precios completamente ficticios y que, por lo tanto, no están captando suficiente inversión y caen en una creciente subcapitalización, lo que impondrá graves costos a la economía argentina más adelante.

 

Sin embargo, en el corto plazo el grueso de la población sólo se percata que la economía está en su cuarto año de acelerado crecimiento económico, cercano al 8% anual –señala RLM que el consumo por habitante apenas está llegando a los niveles previos a la crisis de 2001-, con una inflación “de solo” 10%.

 

El mensaje de esta estrategia, al igual que el de la seguida con los acreedores de su deuda pública, de forzarlos a aceptar profundos descuentos y no pagarles nada a quienes no lo hicieron, simplemente implica que el gobierno cree poder tener una conducta perversa sin ninguna consecuencia negativa.

 

RLM aclara que las altas tasas de crecimiento alcanzadas en los últimos años, se deben al propicio escenario externo para los productos argentinos de exportación, y que tan favorable situación ha ocurrido no por las políticas públicas seguidas por el actual gobierno sino a pesar de ellas.

 

La imposición de precios “voluntarios” a industriales y comerciantes, el manejo de tipos de cambio diferenciales hechos a la medida para distintos sectores de la economía y la falta de inversión en sus ámbitos clave, auguran que el final de la historia de este neopopulismo será el mismo que el de sus predecentes.

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