JUEVES, 15 DE MARZO DE 2007
Antonio Ortiz Mena

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Fue uno de los arquitectos –junto con don Rodrigo Gómez- del Desarrollo Estabilizador, ese lapso añorado por muchos en el que se dio el “milagro económico mexicano,” con altas tasas de crecimiento y estabilidad de precios.”


A escasos seis meses de cumplir cien años acaba de morir don Antonio Ortiz Mena, uno de los arquitectos –junto con don Rodrigo Gómez- del Desarrollo Estabilizador, ese lapso añorado por muchos en el que se dio el “milagro económico mexicano,” con altas tasas de crecimiento y estabilidad de precios.

 

Yo conocí a don Antonio desde mi remota infancia porque mi familia vivía en la calle de Víctor Hugo, a cuadra y media de su casa en Leibinitz, y frente a sus parientes políticos, los Freyría, a quienes visitaba de vez en vez. Lo recuerdo en esa época como un caballero atento y amable con sus vecinos.

 

Más adelante, cuando ingresé a la universidad y a trabajar en la Confederación de Cámaras Industriales, conocí a don Antonio en su segundo período como secretario de Hacienda durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (1964-70), y le escuché un buen número de discursos. Era un expositor claro y persuasivo que solía reiterar la importancia de la estabilidad económica.

 

Me llamó poderosamente la atención su férrea voluntad para dominar el mal de Parkinson, que se decía que lo afligía entonces, y que él controlaba al grado que no se le percibía salvo por el hecho que asía con notoria fuerza el borde del podio desde el que pronunciaba sus discursos.

 

Era una época en la que México crecía al 6.5% en promedio anual y en el que la inflación permanecía en niveles inferiores al 3%. Nuestro peso se mantuvo en su paridad de 12.50 por dólar e inclusive se empezó a usar como moneda fuerte en los préstamos que hacía el Fondo Monetario Internacional.

 

Tan acelerado crecimiento significaba que a pesar del igualmente rápido aumento de la población, que por entonces crecía al 3.5% anual, lo que significaba que la población se duplicaba cada veinte años, el ingreso por habitante se multiplicaba casi al mismo ritmo.

 

Tales tendencias, aunadas a una notable movilidad social gracias a un sistema educativo que la facilitaba, resultaron en un también rápido crecimiento de una clase media urbana, cuya expansión, a su vez, generaba nuevas oportunidades de negocios pues representaba una demanda por bienes y servicios en acelerada expansión.

 

Por aquellos años hice mis primeros viajes al extranjero, que me permitieron comparar la situación relativa del país. Si bien era palpable la ventaja que nos llevaban Estados Unidos y los países desarrollados de Europa, la brecha era apreciablemente menor que ahora.

 

Sin embargo, con respecto a España, la comparación favorecía a México. A simple vista se podía apreciar que teníamos mejores carreteras, aeropuertos y ferrocarriles, y ciertos servicios como los bancarios, eran mucho más eficientes. En esa época había más españoles que querían emigrar a México que al revés.

 

Habiendo puesto el marco de mis recuerdos a la época de don Antonio Ortiz Mena como secretario de Hacienda, mañana procederé a analizar su Desarrollo Estabilizador.

• Ortiz Mena

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